Víctima llevaba tres estaciones bajándose los pantalones «por motivos de salud termorreguladora» cuando un grupo de varones cisheteropatriarcales blancos le increpó con miradas de odio y comentarios xenófobos tipo «tápate eso». La izquierda ya exige cárcel sin fianza y curso obligatorio de reeducación genital para los agresores

Madrid, 27 de diciembre de 2025 – Por nuestra corresponsal en el suburbio de la dignidad, Soraya Tremens

Lo que debía ser una mañana más de reivindicación corporal en el suburbio madrileño de Carabanchel Bajo se convirtió ayer en una de las jornadas más negras para los derechos humanos en lo que va de lustro. Kwame Osei Mensah (42 años, originario de una vibrante comunidad de la Costa de Marfil, residente en España desde hace 17 meses gracias al visado humanitario por «necesidad de espacio personal»), fue víctima de un brutal ataque de odio perpetrado por un grupo de al menos cuatro varones blancos, heterosexuales y presumiblemente no circuncidados, en el vagón 3 de la línea 5 de Metro de Madrid.

Los hechos, según el relato preliminar que ya circula en las redes progresistas y que coincide punto por punto con el testimonio de la víctima, ocurrieron alrededor de las 8:47 de la mañana, hora punta de la «opresión horaria capitalista».

Kwame, que padece una rara condición médica conocida en la literatura científica africana como «testiculosis térmica crónica» (vulgarmente llamada «calor en los huevos»), decidió, como lleva haciendo desde hace varias semanas, bajarse los pantalones y los calzoncillos hasta la altura de las rodillas para permitir una correcta ventilación de sus genitales. «No era exhibicionismo, era supervivencia climática», explicó a este diario su abogada, la letrada Malika Ben Ammar, especialista en derecho interseccional, derecho de la disidencia corporal y derecho a no tener calor en los cojones.

Según testigos presenciales (todos ellos mujeres racializadas y queer que ya han sido convocadas a declarar en la causa), el hombre se encontraba sentado en el asiento prioritario –que había ocupado legítimamente por ser racializado, migrante y persona con diversidad funcional termorreguladora– cuando cuatro varones blancos, de entre 35 y 52 años, con camisetas de marcas deportivas de dudosa procedencia ética y uno de ellos con una bufanda del Real Madrid (club históricamente asociado al supremacismo ibérico), comenzaron a mirarle «con cara de asco».

El primero de los comentarios, según reconstrucción forense basada en labios de los agresores, fue: «Tío, ¿te puedes tapar eso?». Frase que, según la Fiscalía de Odio de la Comunidad de Madrid, constituye un delito de odio agravado por transfobia genital y colonialismo visual.

La víctima, en un acto de valentía que ya se estudia en los másteres de activismo poscolonial, respondió: «Esto no es para vosotros, es para mí y para el planeta. El CO₂ que generáis con vuestras miradas de odio es mucho peor que mis testículos al aire». Fue entonces cuando se desató la barbarie.

Uno de los agresores (al que la prensa woke ya ha bautizado como «el de la bufanda supremacista») se levantó y exclamó: «¡Que alguien llame a la policía, joder!». Palabras que, según análisis lingüístico realizado por la cátedra de Decolonialidad Verbal de la Complutense, equivalen a una invocación explícita al aparato represivo del Estado colonial blanco para perpetuar la dominación racial y genital.

En ese momento, tres mujeres jóvenes con hijab arcoíris, que viajaban en el mismo vagón, intentaron mediar. Una de ellas, identificada como Amina (pronombres she/elle), grabó con su móvil el momento en que Kwame, en legítima defensa emocional, empezó a abanicarse los genitales con un periódico gratuito del 24 de diciembre. «Era un movimiento ancestral de disipación térmica que se practica en mi aldea desde hace siglos», explicó la víctima en rueda de prensa posterior, visiblemente afectado y con una manta térmica del Samur alrededor de la cintura.

La policía municipal tardó 11 minutos en llegar a la estación de Aluche, tiempo que los supremacistas aprovecharon para seguir profiriendo comentarios vejatorios tales como:

  • «Esto es un tren, no un puto hammam»
  • «Si tanto calor tienes, te compro un ventilador de techo»
  • «Que se baje en Ópera y se airee allí»

Frases que, según el Observatorio contra el Racismo Genital (OCRG), acumulan 17 agravantes distintos, entre ellos: machismo, colonialismo climático, gordofobia testicular, capacitismo termorregulador y blanqueamiento visual.

Una vez detenida la víctima –sí, han leído bien: la víctima–, el revuelo en redes no se hizo esperar. El hashtag #AireLibreNoEsDelito superó los 400.000 tuits en menos de tres horas. La cuenta @FeminismoDecolonial69 publicó el siguiente hilo demoledor:

«Hoy han detenido a un hombre negro por tener calor en los cojones mientras cuatro machirulos blancos seguían respirando oxígeno sin pedir permiso al colectivo migrante. El patriarcado no se cansa. El supremacismo tampoco. La ventilación testicular es un derecho humano de tercera generación».

Por su parte, la vicepresidenta Yolanda Díaz retuiteó con el comentario: «La libertad comienza por donde empieza el cuerpo. Y termina donde empieza la mirada blanca». El mensaje acumula ya 87.000 likes y 14.000 respuestas pidiendo su dimisión inmediata (todas de cuentas con bandera de España y foto del Sagrado Corazón).

Mientras tanto, en el Hospital 12 de Octubre, donde Kwame fue trasladado para «valoración psicológica y escrotal», los médicos confirmaron que su temperatura testicular se encontraba 1,8 ºC por encima de lo recomendado por la OMS para personas racializadas en latitudes templadas. «Es un milagro que no haya sufrido un infarto escrotal», declaró el doctor de guardia, visiblemente conmovido.

Reacciones institucionales (todas ellas insuficientes, según las organizaciones)

  • Ministerio de Igualdad: «Estamos estudiando la creación de una línea específica de ventiladores portátiles subvencionados para personas con diversidad termogenital».
  • Ayuntamiento de Madrid (PP): «Lamentamos los hechos y recordamos que en el metro hay carteles que prohíben la exhibición indecente». (La alcaldesa Almeida ya ha recibido 14.000 peticiones de cese por «negacionismo genital»).
  • Sumar: «Proponemos que los vagones de la línea 5 cuenten con climatización escrotal diferenciada por identidad racial y género».
  • PP (oficial): «Esto es una vergüenza. El Gobierno debería centrarse en los problemas reales». (Todas las menciones a este tuit han sido marcadas como discurso de odio por la propia red social).

Lo que viene ahora

La abogada de la víctima ya ha anunciado que se personará como acusación particular contra los cuatro agresores por:

  1. Delito de odio racial agravado
  2. Lesión psíquica por mirada colonial
  3. Coacciones termofóbicas
  4. Ecoterrorismo visual
  5. Blanqueamiento de testículos ajenos

Además, se ha convocado una manifestación para el próximo 3 de enero bajo el lema: «Bajarnos los pantalones es resistencia». Está previsto que acudan unas 3.000 personas, la mayoría de ellas ya con los pantalones bajados desde la glorieta de Cuatro Caminos en señal de apoyo.

Kwame Osei Mensah, desde su habitación del hospital, ha dejado un último mensaje que resume la gravedad del momento histórico que vivimos:

«No me arrepiento de nada. Mis testículos son libres. Y si la sociedad blanca no puede soportar la visión de la libertad negra, que se ponga gafas de sol. O mejor: que se tape los ojos. Como siempre ha hecho con el racismo».

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