Madrid, 10 de febrero de 2026 – En un episodio que ha conmocionado a la opinión pública y ha puesto en jaque la seguridad de las comparecencias judiciales, una persona de etnia gitana estuvo a escasos segundos de empotrar físicamente a la actriz y presentadora Elisa Mouliaá frente a las puertas del juzgado de Plaza de Castilla. El incidente, captado en vídeo por múltiples cámaras de televisión y teléfonos móviles, ocurrió en medio de un enjambre de periodistas que rodeaban a la intérprete tras su última declaración en el conocido caso judicial que la enfrenta al exdiputado Íñigo Errejón.
Surrealismo made in Spain: un gitano la lía parda al no poder salir de los juzgados por culpa de Elisa Mouliaá
El momento crítico captado en vídeo
Los hechos tuvieron lugar esta misma mañana, alrededor de las 11:47 horas, cuando Elisa Mouliaá concluía una improvisada rueda de prensa improvisada a las puertas del juzgado número 47. Decenas de reporteros, cámaras y micrófonos bloqueaban el paso hacia la salida principal. En ese preciso instante, un hombre de complexión robusta, identificado por testigos presenciales como perteneciente a la etnia gitana, intentó abrirse camino con determinación para abandonar el edificio judicial.
Según las imágenes del vídeo que circulan ampliamente en redes y medios digitales, el individuo, visiblemente irritado por el tapón informativo, elevó el tono de voz y exclamó frases como “Echaros para allá. Dejadnos pasar. Qué culpa tengo yo de que estéis aquí. Dejadnos pasar, coño. Me dejáis u os arrollo para allá”. En un movimiento brusco, avanzó con fuerza hacia adelante, empujando el cordón humano de periodistas y situándose a menos de un metro de la actriz, quien en ese momento respondía a una pregunta sobre su estado emocional tras los últimos giros procesales.
Elisa Mouliaá, que en ese instante se encontraba de espaldas al pasillo de salida, giró instintivamente el rostro al percibir el alboroto. Fuentes cercanas a la seguridad del juzgado aseguran que el contacto físico estuvo a punto de producirse: el hombre habría podido empotrarla contra la pared o contra el grupo de informadores de no haber sido por la rápida intervención de dos agentes de policía nacional que custodiaban el perímetro.
Contexto de alta tensión judicial y mediática
Este incidente no puede entenderse sin el trasfondo del prolongado proceso judicial que arrastra a Elisa Mouliaá desde octubre de 2024. La actriz denunció inicialmente al exdirigente político por presuntos tocamientos no consentidos en una fiesta privada. Tras más de quince meses de comparecencias, testificales, peritajes y escritos de calificación, la causa ha experimentado vaivenes notables: retirada temporal de la acusación particular por parte de la denunciante, rectificación posterior tras conocer el posicionamiento de la Fiscalía, y un clima de enorme polarización en redes sociales y platós televisivos.
Precisamente hoy, Mouliaá había acudido al juzgado para ratificar su decisión de mantener la acusación pese a las recomendaciones de archivo planteadas por el Ministerio Público. Su comparecencia, que duró casi dos horas, generó una expectación mediática inusitada. Más de treinta medios acreditados se congregaron en la entrada, convirtiendo el acceso al edificio en un auténtico cuello de botella humano.
Expertos en seguridad judicial consultados por este diario coinciden en señalar que la confluencia de un caso de alta notoriedad pública con una masiva presencia informativa crea “condiciones de riesgo extremo”. El Instituto de Criminología Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid, que lleva años estudiando la interacción entre procesos mediáticos y seguridad ciudadana, ha elevado este tipo de incidentes a la categoría de “fenómeno estructural en la justicia española del siglo XXI”.
Reacciones institucionales y declaraciones
El Ministerio del Interior ha emitido un comunicado escueto en el que confirma que “se ha abierto una investigación interna para determinar si existió riesgo real para la integridad física de las personas presentes”. Fuentes de la Delegación del Gobierno en Madrid han avanzado que se estudiará la posibilidad de reforzar el dispositivo de seguridad en futuras comparecencias relacionadas con causas de gran repercusión.
Por su parte, la Unión de Actores e Intérpretes ha emitido una nota en la que expresa su “más enérgica condena ante cualquier forma de intimidación o violencia, física o verbal, contra las mujeres que ejercen su derecho a denunciar”. La presidenta de la entidad, la veterana actriz Carmen Balagué, declaró: “Lo ocurrido hoy es un síntoma alarmante de cómo la polarización mediática puede derivar en situaciones de peligro real. Elisa Mouliaá representa a muchas mujeres que, aun con miedo, deciden alzar la voz. No podemos permitir que un episodio como este las disuada”.
Desde el colectivo Asociación por la Defensa de los Derechos de la Comunidad Gitana Española, su portavoz nacional, Juan de Dios Ramírez Heredia, ha querido matizar: “Condenamos cualquier acto que ponga en riesgo la seguridad de cualquier ciudadano, sea quien sea. Sin embargo, es importante no estigmatizar a toda una comunidad por las acciones de una persona en un momento de frustración evidente ante un atasco provocado por la prensa. Pedimos prudencia en el tratamiento informativo”.
Un ciudadano anónimo que presenció los hechos desde la primera fila declaró a este medio: “Fue cuestión de segundos. El hombre venía con prisa, gritando, y de repente estaba casi encima de ella. Si no llegan a pararlo los policías, no sé qué habría pasado. Todo el mundo estaba grabando, pero nadie se movía para dejar paso”.
Análisis: Un antes y un después en la seguridad de las comparecencias públicas
Diversos analistas jurídicos consultados coinciden en que este episodio marca un punto de inflexión en la forma en que se gestionan las salidas de testigos y denunciantes en causas de máxima exposición mediática. El catedrático de Derecho Procesal Penal de la Universidad Carlos III, Gregorio Cámara, ha afirmado: “Estamos ante un cambio de era. Lo que antes era una mera molestia periodística se ha convertido en un riesgo objetivo para la integridad física. Comparado con el asedio a Ana Obregón en los años 90 o con las avalanchas en el caso de la Gürtel, lo de hoy representa una escalada cualitativa preocupante”.
Otros expertos van más lejos y comparan la situación con momentos históricos de alta tensión social: “Es similar a lo que ocurrió en las puertas del Congreso durante las sesiones de investidura más convulsas, o incluso con las concentraciones frente al Tribunal Supremo en el juicio del procés. La diferencia es que aquí la víctima potencial era una mujer que ya arrastra un calvario emocional y mediático de más de un año”, explica la socióloga especializada en violencia simbólica, doctora Laura Fernández Rincón.
Las consecuencias podrían ser inmediatas: fuentes judiciales no descartan que en próximas sesiones se establezcan perímetros de seguridad más amplios, accesos restringidos para prensa o incluso comparecencias por videoconferencia para denunciantes en casos sensibles.
Cierre: Una incertidumbre que se extiende
El vídeo del casi empotramiento a Elisa Mouliaá seguirá reproduciéndose en bucle durante días. Mientras tanto, el caso judicial continúa su curso, con la actriz manteniendo su posición y la Fiscalía insistiendo en el archivo. Lo ocurrido esta mañana añade una capa más de dramatismo a una historia que ya acumula giros inesperados, declaraciones cruzadas y un debate nacional sobre consentimiento, verdad judicial y límites de la cobertura informativa.
Queda por ver si este incidente servirá para replantear protocolos de seguridad o si, por el contrario, se diluirá en el ruido mediático habitual. Lo que resulta incuestionable es que, durante unos segundos esta mañana en Plaza de Castilla, España contuvo la respiración ante la posibilidad de que una comparecencia judicial terminara en tragedia física.
