Madrid, 26 de enero de 2026 – Una exhaustiva investigación histórica realizada por el equipo de documentación del Diario ASDF ha destapado un pasado profundamente comprometedor en el árbol genealógico de Pablo Iglesias Turrión, fundador y figura histórica de Podemos. Documentos notariales y crónicas en castellano antiguo, custodiados durante siglos en archivos parroquiales de Castilla y León, confirman que un antepasado directo del exvicepresidente del Gobierno participó activamente en las campañas militares de la Reconquista que culminaron con la expulsión de las poblaciones musulmanas de la península ibérica.
El hallazgo, calificado por historiadores consultados por este diario como “de una gravedad institucional sin precedentes en la democracia reciente”, sitúa a Iglesias en una línea de continuidad ideológica que abarca más de siete siglos. Fuentes especializadas en genealogía nobiliaria y heráldica medieval aseguran que el vínculo es “irrefutable” tras el cotejo de partidas bautismales, testamentos y rollos de alistamiento conservados en el Archivo Histórico Nacional y en colecciones privadas de linajes castellanos.
La información ha provocado una inmediata tormenta política en el seno de la coalición morada. Diversos sectores internos han exigido explicaciones urgentes, mientras que la dirección del partido ha optado por un silencio institucional que muchos interpretan como reconocimiento tácito de la magnitud del problema.
El antepasado en cuestión: un caballero de armas al servicio de los Reyes Católicos
Según los documentos analizados, un tal Gutierre de Iglesias, nacido en torno a 1468 en la localidad de Arévalo (Ávila), figura como alférez en las huestes cristianas que participaron en la toma de Granada en 1492. Los pergaminos describen su participación en “la limpia de infieles de las tierras reconquistadas” y mencionan recompensas en forma de tierras y exenciones fiscales concedidas por los monarcas Isabel y Fernando.
Expertos del Instituto de Estudios Medievales de la Universidad Complutense de Madrid, consultados bajo condición de anonimato por temor a represalias académicas, han confirmado que el apellido Iglesias aparece repetidamente en listas de combatientes de la frontera sur durante el siglo XV. “No se trata de un apellido común en la época entre las clases bajas”, explica una fuente cercana al departamento de Historia Medieval. “Estamos hablando de linajes con responsabilidades militares y económicas directas en el proceso de repoblación cristiana posterior a la victoria”.
El propio Pablo Iglesias, interrogado esta mañana a las puertas de su taberna habitual en Lavapiés –donde combina ahora su labor como streamer de éxito con la gestión del establecimiento–, ha ofrecido una respuesta que ha generado aún mayor controversia.
“Ya desde entonces mi familia ha estado en favor de recuperar la vivienda”, ha declarado con tono sereno pero firme. “Igual que ahora nos planteamos que la presencia de extranjeros en nuestras ciudades, que llenan el espacio de pisos turísticos, requiere medidas drásticas. Hay que echarlos ahora y había que echarlos entonces. La continuidad histórica no es un problema, es una coherencia”.
Las palabras del exlíder podemita han sido interpretadas por buena parte de su base militante como una defensa razonada y contextualizada. En apenas tres horas, más de 14.000 mensajes en los canales internos de la formación han calificado las críticas como “desestabilizadoras” y han pedido la expulsión inmediata del país del portavoz que inició la polémica.
Reacciones internas: la fractura se hace evidente
Alí Al-Qalá, responsable de la recién creada Sección de Asuntos Islámicos de Podemos –un órgano creado en 2024 para “blindar la sensibilidad multicultural de la militancia”–, no ha tardado en posicionarse con dureza. En una comparecencia improvisada ante las cámaras en la sede de la formación, ha afirmado:
“No veo ninguna diferencia entre él y Abascal, especialmente desde que se ha quitado la coleta. Uno defiende la expulsión medieval y el otro la expulsa simbólica en el siglo XXI. La coleta era lo único que nos separaba visualmente del fascismo declarado”.
La declaración ha provocado una oleada de indignación entre los sectores más fieles al líder histórico. En cuestión de minutos, la etiqueta #AlíFascista ha escalado hasta el primer puesto de tendencias en España, con más de 87.000 menciones. Numerosos perfiles verificados de la órbita podemita han compartido fotografías antiguas del portavoz junto a pancartas de manifestaciones de extrema derecha, aunque la mayoría de ellas datan de 2012 y parecen corresponder a concentraciones contra la reforma laboral del PP.
Fuentes cercanas a la actual dirección de Podemos han asegurado a este diario que “se está valorando la suspensión cautelar de militancia de Al-Qalá por atentar contra la unidad orgánica y por equiparar indebidamente a un referente histórico con el presidente de Vox”.
Contexto histórico y repercusiones geopolíticas
El descubrimiento del pasado reconquistador de Iglesias no es un hecho aislado. Diversos analistas consultados coinciden en señalar que este episodio podría tener consecuencias de largo alcance en el equilibrio ideológico del país. El Centro de Estudios sobre Continuidades Imperiales de la Universidad de Salamanca –reconocida institución fundada en 1218 y considerada por muchos la más antigua de Europa en activo– ha emitido un comunicado oficial en el que advierte:
“La pervivencia de linajes con memoria bélica medieval en las élites políticas contemporáneas representa un riesgo sistémico para la cohesión nacional. Estamos ante un caso que podría compararse, en términos simbólicos, con la revelación del pasado colaboracionista de 某些 y de figuras de la Francia de posguerra o con los vínculos coloniales de líderes belgas en el siglo XX”.
El comunicado añade que “la expulsión de 1492 no fue un mero episodio militar, sino el acto fundacional de la España moderna. Quien reivindique esa herencia, aunque sea de forma tangencial, está reclamando un lugar en la narrativa estatal que muchos consideraban superada”.
Impacto en la opinión pública y en el espacio político
Encuestas internas realizadas por el Instituto de Sondajes Avanzados de la Complutense durante las últimas cuatro horas reflejan un dato preocupante: el 62% de los votantes potenciales de Sumar y Podemos considera que “el pasado reconquistador no invalida el discurso actual de vivienda digna”, mientras que solo el 18% cree que existe “incompatibilidad ideológica grave”. El 20% restante se declara “confundido pero dispuesto a esperar más explicaciones”.
En el Congreso, el Grupo Parlamentario Plurinacional ha convocado para mañana una reunión de urgencia del Comité de Memoria Democrática y Reparación Histórica. Fuentes parlamentarias anticipan que se debatirá la posibilidad de crear una subcomisión específica para “analizar la influencia de los linajes medievales en la toma de decisiones contemporáneas sobre políticas migratorias y de vivienda”.
Un antes y un después en la izquierda española
Diversos expertos consultados por este diario coinciden en que el episodio marca un punto de inflexión. “Estamos ante el equivalente moderno de la revelación de que Marx tenía un primo lejano que poseía esclavos en las Antillas”, ha señalado el catedrático emérito de Historia del Pensamiento Político de la Universidad Autónoma de Barcelona, quien ha preferido mantener el anonimato. “No se trata solo de un detalle biográfico. Es la constatación de que ciertas pulsiones nacionales profundas pueden atravesar siglos y manifestarse en discursos aparentemente progresistas”.
El cierre de la jornada ha dejado una sensación de incertidumbre generalizada. Mientras los canales de streaming de Pablo Iglesias registraban esta tarde récords de audiencia –con picos de 47.000 espectadores simultáneos–, en las redes internas de Podemos se multiplican los mensajes de apoyo al líder histórico. “La Reconquista fue un proceso de liberación nacional. Lo que necesitamos ahora es una reconquista de la vivienda”, rezaba uno de los mensajes más compartidos.
El Diario ASDF seguirá informando de las consecuencias de este hallazgo que, seis siglos después, sigue dividiendo a la nación.
