Un caso histórico de indignación selectiva que ya se estudia en universidades que no existen
En un nuevo capítulo de la serie interminable “Yo sí, tú no”, la opinadora profesional, tertuliana vocacional y víctima a tiempo completo Sarah Pérez Santaolalla ha iniciado una intensa campaña pública tras ser calificada de “simple como sus fotos enseñando el escote” por una diputada del Partido Popular llamada, según los rumores de pasillo, Eli Vigil o algo parecido.
Sarah, visiblemente afectada y rodeada de cámaras, focos, micrófonos y dos personas que pasaban por allí sin saber muy bien por qué, declaró que el comentario era “machista, retrógrado, cavernícola, medieval, jurásico y posiblemente del Pleistoceno”. Añadió que la diputada del PP quería “controlar cómo se visten las mujeres”, lo cual, según Sarah, es algo intolerable… salvo cuando lo hace ella.
Porque sí: los archivos de internet, que nunca olvidan aunque uno se tape los ojos, recuerdan que en el pasado Sarah Pérez Santaolalla criticó duramente a la concejala Noa Rouco por aparecer en bañador en un vídeo grabado en unas termas. En aquel momento, Sarah consideró que aquello era “poco serio, poco institucional y demasiado piel para un cargo público”.
Ahora, sin embargo, Sarah defiende que nadie puede opinar sobre la ropa de nadie, salvo ella misma cuando le venga bien.
Los expertos llaman a este fenómeno “coherencia líquida”.
El comentario que lo empezó todo
Acabo de sufrir un ataque machista por parte de un cargo público del PP en la televisión. Esta diputada ha utilizado mi forma de vestir para atacarme y mi físico para humillarme. Es intolerable tanta violencia y odio hacia las mujeres. Espero la condena de su partido
Todo comenzó cuando la diputada del PP, Eli Vigil, en una intervención que nadie pidió pero todos escucharon, se refirió a Sarah Santaolalla como “simple como sus fotos enseñando el escote”. La frase fue pronunciada con la serenidad de quien sabe que va a generar un incendio y ya tiene las palomitas preparadas.
En menos de cinco minutos, la frase ya estaba:
- En redes sociales
- En grupos de WhatsApp
- En camisetas
- En tazas
- En la mente de gente que no sabe quién es Sarah
Sarah reaccionó de inmediato, como corresponde a cualquier persona moderna: subiendo siete vídeos, doce tuits, tres hilos, dos directos y una foto mirando al infinito con cara de “esto no se va a quedar así”.
“Esto no es una crítica política, esto es machismo”, declaró. “Me atacan por cómo me visto. Quieren decirnos a las mujeres cómo debemos ir vestidas. Quieren controlarnos”.
A continuación, subió una foto con el texto:
“Mi cuerpo, mis normas, menos cuando no me gusta cómo te vistes tú”.
Sarah, víctima profesional nivel experto
Sarah no se define como víctima, pero actúa como tal con una constancia que ya quisieran los funcionarios. Según ella, el comentario de la diputada no iba contra su ideología, ni contra sus ideas, ni contra su discurso, sino directamente contra su escote, que ya es considerado por algunos como patrimonio emocional de la nación.
“Cuando atacan mi forma de vestir, atacan a todas las mujeres”, afirmó con solemnidad. En ese momento, varias mujeres que no la conocían levantaron la cabeza y preguntaron:
“¿Quién?”
Sarah explicó que este tipo de comentarios fomentan una sociedad en la que las mujeres son juzgadas por su apariencia. Lo dijo con mucha convicción, aunque algunos recordaron que ella misma hizo exactamente eso no hace tanto.
Pero Sarah aclaró que no es lo mismo cuando lo hace ella, porque:
- Ella lo hace con conciencia
- Ella lo hace con valores
- Ella lo hace con razón
- Y sobre todo, ella lo hace siendo ella
Que es un argumento que no se puede rebatir porque no significa nada.
El caso Noa Rouco: cuando juzgar la ropa sí estaba bien
Sarah Santaolalla puede ser de las personas más idiotas que he visto en mi vida. La callada de boca que le mete la concejala de Ourense es de época
Para entender el tamaño del lío, hay que viajar al pasado, a una época lejana en la que Sarah todavía no era víctima de este caso concreto.
En aquel entonces, la concejala Noa Rouco apareció en un vídeo en bañador, grabado en unas termas. El vídeo no hablaba de política internacional ni de física cuántica. Hablaba de estar en unas termas, que suele hacerse en bañador.
Sarah no lo vio bien.
Declaró que una representante pública debía cuidar su imagen, que no todo vale, que hay contextos, que hay límites y que “no se puede mezclar lo institucional con lo veraniego”.
En aquel momento, juzgar la ropa de otra mujer no era machista. Era “sentido común”.
Ahora, juzgar la ropa de Sarah es machismo del malo.
Los expertos han bautizado este sistema como:
“Reglas universales, pero solo cuando me afectan”.
La explicación oficial: no es lo mismo, aunque sea igual
Ante las acusaciones de incoherencia, Sarah ofreció una explicación clara, sencilla y fácil de entender para nadie.
Según ella:
- Lo de Noa Rouco no era machismo
- Era una crítica política
- Aunque iba dirigida a su ropa
- Y a su cuerpo
- Y a su imagen
Pero eso no cuenta, porque Sarah no es machista.
En cambio, cuando la diputada del PP habla del escote de Sarah:
- No es crítica política
- Es machismo
- Es opresión
- Es el patriarcado con wifi
Sarah explicó que todo depende de quién hable, de quién reciba el comentario y, sobre todo, de quién tenga razón. Y casualmente, ella siempre tiene razón.
Eli Vigil: la villana del episodio
La diputada del PP, Eli Vigil, pasó en pocas horas de ser una persona relativamente desconocida a ser la villana oficial de la semana.
Según Sarah, Eli no solo la llamó simple, sino que además pretendía decir cómo deben vestirse las mujeres. Aunque Eli no dijo exactamente eso, Sarah lo tradujo al idioma emocional, donde todo suena peor.
Eli respondió diciendo que su comentario iba dirigido al personaje público de Sarah, no a todas las mujeres del mundo, ni a la historia del feminismo, ni a la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Pero ya era tarde. El relato estaba construido:
- Sarah: víctima
- Eli: machista
- Internet: campo de batalla
- Los hechos: molestando en un rincón
Reacciones en redes: expertos en opinar sin saber
Las redes sociales, como siempre, hicieron lo que mejor saben hacer: opinar con mucha intensidad y poca información.
Algunos decían:
- “Con la ropa no se mete nadie”
- “Pero ella sí se metió con otra”
- “Eso da igual”
- “No da igual”
- “Eres facha”
- “Eres progre”
- “Eres tonto”
Hubo personas que defendieron a Sarah diciendo que una cosa no quita la otra. Y otras que dijeron que una cosa sí quita la otra, pero que da igual porque hoy toca indignarse.
Se organizaron debates profundísimos como:
—“¿Pero ella no criticó antes a otra por su ropa?”
—“Sí, pero ahora no toca hablar de eso”.
El Ministerio de las Dobles Varas
Ante la confusión, varios analistas propusieron crear un nuevo organismo: el Ministerio de las Dobles Varas.
Este ministerio se encargaría de decidir:
- Cuándo una crítica es machismo
- Cuándo es libertad de expresión
- Cuándo depende de quién lo diga
- Y cuándo mejor no mires el pasado
Sarah sería nombrada ministra honorífica vitalicia, con la capacidad de cambiar las reglas según el día, la hora y el estado de ánimo.
“Analista política”, ¿te puedes callar un poquito? Cine.
Los ciudadanos podrían consultar una aplicación:
“¿Puedo criticar esto hoy?”
Respuesta:
—Depende de si eres tú o es ella.
La pedagogía emocional de Sarah
Sarah asegura que todo esto sirve para educar a la sociedad. Según ella, hay que aprender que no se puede juzgar a una mujer por su ropa.
Excepto cuando:
- Ella juzga
- Ella opina
- Ella considera que toca
- Ella siente que es distinto
Esto, según Sarah, no es contradicción. Es evolución personal acelerada.
Sarah Santaolalla: tus bailes son simplistas. No como los míos.
Un día puedes pensar una cosa. Al día siguiente, la contraria. Y al tercer día, enfadarte con quien te recuerde el primer día.
Eso es madurar, según el nuevo manual.
Noa Rouco observa desde el silencio
Mientras tanto, Noa Rouco, la concejala del bañador, observa el espectáculo con una mezcla de sorpresa y palomitas imaginarias.
Algunos le preguntaron qué pensaba. Ella respondió, según fuentes inventadas pero fiables, algo así como:
“Yo solo estaba en unas termas”.
Y con eso quedó todo dicho.
Conclusión: todos tienen razón, sobre todo yo
Este caso demuestra que en la política moderna no importa tanto lo que se dice, sino quién lo dice y quién se enfada.
Sarah Santaolalla se ha declarado víctima de un comentario que, según ella, no es político sino machista. Al mismo tiempo, su pasado demuestra que ella también ha opinado sobre la ropa de otras mujeres cuando le ha parecido oportuno.
Pero eso no es contradicción. Es narrativa.
En el Diario ASDF, que siempre apuesta por la coherencia absurda, resumimos el caso así:
- Criticar la ropa está mal
- Salvo cuando lo haces tú
- Entonces es conciencia social
Sarah seguirá denunciando machismo, patriarcado y comentarios sobre su escote.
Eli seguirá diciendo que solo estaba criticando a un personaje público.
Y el público seguirá discutiendo sin cambiar nada.
Porque si algo nos ha enseñado este episodio es que:
La ropa no importa…
Hasta que importa.
Y la coherencia es muy importante…
Salvo cuando molesta.
