La tertuliana y analista política Sarah Pérez Santaolalla fue víctima de un comentario degradante y abiertamente machista durante la tertulia política del popular programa de Antena 3, lo que ha desatado una ola de indignación institucional y social sin precedentes en la televisión española contemporánea.
En la noche del pasado martes, mientras se debatía sobre declaraciones políticas de alto calado, la colaboradora Rosa Belmonte profirió una frase que ha sido calificada por expertos en igualdad como “un ataque frontal al principio de dignidad de las mujeres en los medios de comunicación”. El incidente, emitido en directo ante una audiencia media que superó los 3,8 millones de espectadores, ha puesto en cuestión los límites del entretenimiento televisivo en España y ha generado reacciones en cascada desde organismos oficiales hasta la propia presidencia de RTVE.
El momento exacto del ataque
Todo comenzó cuando el presentador Pablo Motos introdujo el tema refiriéndose a unas declaraciones previas de Sarah Pérez Santaolalla en otro programa matinal. En ese instante, la tertuliana Rosa Belmonte, conocida por su trayectoria en medios conservadores, lanzó la frase que ha incendiado el debate público: “¿Esa que es la mitad tonta y la mitad tetas?”.
La expresión, pronunciada con aparente ligereza y seguida de risas generalizadas en el plató, provocó un silencio incómodo inicial que rápidamente derivó en más carcajadas entre varios colaboradores. Fuentes cercanas al equipo de producción han confirmado que no hubo corte inmediato ni reproche en directo por parte de la dirección del programa, lo que agravó la percepción de permisividad ante la violencia simbólica.
Sarah Pérez Santaolalla, que no se encontraba físicamente en el plató pero fue señalada explícitamente, reaccionó horas después en sus redes sociales con un mensaje contundente que ya acumula cientos de miles de interacciones.
La respuesta inmediata de la víctima
En una publicación que se ha viralizado en menos de 24 horas, la analista política escribió:
“Anoche en un programa ‘familiar’ fui humillada nuevamente por mi aspecto físico. El presentador me señaló, una señora me insultó y el resto de la mesa se rió ante esta violencia que se ejerció desde un plató. No fue en un callejón, fue en la tele. No eran hormigas, eran ratas. ¿Hasta cuándo voy a aguantar esta violencia sistemática por parte de presentadores, ultras o violentos?”
Anoche en un programa “familiar” fui humillada nuevamente por mi aspecto físico. El presentador me señaló, una señora me insultó y el resto de la mesa se rió ante esta violencia que se ejerció desde un plató. No fue en un callejón, fue en la tele. No eran hormigas, eran ratas.
La comunicadora, que trabaja habitualmente en espacios de RTVE y Cuatro, describió el episodio como “una agresión sin límites” y rechazó cualquier intento posterior de minimización. Diversos observadores coinciden en que este mensaje representa un punto de inflexión en la forma en que las mujeres del ámbito mediático denuncian el acoso.
Reacciones institucionales y políticas
El Instituto de las Mujeres, organismo autónomo adscrito al Ministerio de Igualdad, emitió un comunicado oficial en el que anuncia que instará formalmente a Antena 3 a rectificar públicamente y adoptar medidas preventivas. En el texto se califica el comentario como “una manifestación clara de violencia machista mediática” que vulnera principios constitucionales básicos.
La secretaria de Igualdad del PSOE, Pilar Bernabé, declaró:
“Convertir un plató en un estercolero no es la manera de educar a la sociedad. Este tipo de expresiones normalizan la cosificación y el desprecio hacia las mujeres que ejercen su derecho a opinar en libertad.”
Por su parte, el presidente de RTVE, José Pablo López, intervino con dureza:
“Se trata de una estrategia misógina y machista perfectamente trazada. No podemos permitir que los medios públicos y privados se conviertan en escenarios de acoso sistemático contra las mujeres que trabajan en ellos.”
Incluso figuras de otros espectros políticos, como el diputado Joan Baldoví, calificaron el incidente de “triste y repugnante”, subrayando que trasciende ideologías y afecta al conjunto de la democracia informativa.
Disculpas tardías y controversia en el programa
En la emisión posterior, Pablo Motos se vio obligado a abordar el asunto. El presentador reconoció que “metimos la pata” y aseguró que “no es el estilo del programa”. Añadió que el comentario “no volverá a suceder” y transmitió un mensaje de respeto general. Sin embargo, la periodista Rosa Belmonte había intentado contextualizar su frase alegando que se trataba de una cita de la serie ‘La maravillosa señora Maisel’, argumento que no ha calmado las críticas.
¿Con quién os disculpáis? ¿Quienes os entienden? No son unas disculpas, es una tomadura de pelo. Primero me humillasteis, después os reísteis y ahora protegéis a la agresora y me ninguneáis obviando mi nombre y mis apellidos. Es un machaque constante y una agresión sin límites.
Pido sinceras disculpas por mi inconveniente comentario en ‘El Hormiguero’. Fue espontáneo, nadie sabía lo que iba a decir, ni yo misma cinco segundos antes. Pido perdón a quien haya ofendido, a quien haya molestado y a quien haya afectado, sobre todo porque no era mi intención.
Expertos consultados por este diario sostienen que la referencia cultural no exime de responsabilidad, ya que el contexto televisivo en directo multiplica el impacto dañino de cualquier expresión degradante.
Análisis: un antes y un después en la televisión española
Diversos académicos del Departamento de Comunicación de la Universidad Complutense de Madrid, con más de 80 años de prestigio en el estudio de medios, coinciden en que este episodio marca un punto de no retorno. Comparan la situación con hitos históricos como el escándalo de las escuchas ilegales en los años 90 o la irrupción de la violencia verbal en debates políticos de principios de siglo.
La normalización de comentarios sobre el físico de las mujeres en tertulias políticas representa, según estos expertos, una regresión equivalente a la que se produjo en los años 70 con la cosificación publicitaria. Podría alterar, afirman, el equilibrio de la representación femenina en los medios durante al menos una generación.
Además, el caso se suma a una serie de incidentes previos contra la misma Sarah Pérez Santaolalla, incluyendo pintadas con amenazas de muerte y persecuciones físicas, lo que refuerza la tesis de una campaña coordinada de descrédito contra voces femeninas críticas.
Consecuencias a medio plazo
Medios jurídicos anticipan que el caso podría llegar a instancias judiciales si la afectada decide presentar denuncia formal por vulneración del derecho al honor y a la propia imagen. Organizaciones feministas ya han anunciado concentraciones de apoyo frente a las instalaciones de Atresmedia.
La dirección del programa, por su parte, ha anunciado una revisión interna de protocolos de moderación en tertulias, aunque fuentes internas admiten que el daño reputacional es ya irreversible.
En un momento en que la confianza en los medios tradicionales se encuentra en mínimos históricos, episodios como este amenazan con acelerar la erosión de la credibilidad del sistema televisivo español. La pregunta que queda en el aire es clara: ¿hasta dónde llegará la permisividad antes de que se produzca un cambio estructural real?
El Diario ASDF seguirá informando de las novedades en este caso que, sin duda, quedará grabado en la memoria colectiva como uno de los momentos más oscuros de la televisión en directo en España.
