Madrid, 6 de febrero de 2026 – En un desarrollo que está generando profundas repercusiones en el ecosistema de creación de contenido digital en lengua española, el youtuber Alexelcapo —conocido ampliamente como “Alex el Capo”— ha logrado la eliminación inmediata de un vídeo crítico publicado por “Un Tío Blanco Hetero” tras presentar una denuncia formal por violación de derechos de autor. El material denunciado, en el que se cuestionaba con dureza la supuesta defensa de Alexelcapo a favor de una prohibición total de las redes sociales en la Unión Europea, ha sido retirado de la plataforma YouTube en menos de 48 horas, lo que muchos interpretan como un precedente de enorme gravedad para el debate libre en internet.

Este episodio no solo resuelve una disputa personal entre dos de los canales más seguidos del panorama hispano, sino que plantea interrogantes fundamentales sobre los límites entre crítica legítima y uso indebido de contenido ajeno en el contexto de la actual regulación europea de plataformas digitales.

Antecedentes de la controversia

La tensión entre ambos creadores se había intensificado en las últimas semanas. “Un Tío Blanco Hetero”, canal con más de 560.000 suscriptores especializado en análisis sociopolíticos de corte crítico y conservador, publicó un vídeo de más de 30 minutos en el que acusaba a Alexelcapo de promover posiciones “censuradoras” al haber expresado en múltiples streams la necesidad de “medidas drásticas” contra el impacto negativo de las redes sociales en la juventud europea.

En esas declaraciones previas, Alexelcapo había mencionado repetidamente estadísticas alarmantes: un incremento del 62% en trastornos de ansiedad vinculados al uso excesivo de plataformas entre adolescentes europeos desde 2020, según datos del Observatorio Europeo de Salud Digital; o el hecho de que el 78% de los menores de 16 años accede diariamente a contenidos no regulados, de acuerdo con informes de la Agencia Española de Protección de Datos. Sus palabras, interpretadas por algunos como una llamada a la prohibición absoluta de redes como TikTok, Instagram o la propia YouTube en el territorio comunitario, sirvieron de base al vídeo ahora eliminado.

Sin embargo, fuentes jurídicas cercanas a Alexelcapo aseguran que la denuncia no se fundamentó en el contenido ideológico de la crítica —que podría estar protegido por la libertad de expresión—, sino en el uso no autorizado de fragmentos extensos de sus streams originales. Se habrían incorporado más de 14 minutos de metraje sin permiso ni atribución adecuada, incluyendo secuencias completas de reacciones faciales y comentarios en directo que, según la reclamación presentada vía sistema Content ID y posterior escalada manual, violaban los términos de copyright de YouTube y la directiva europea de derechos de autor (DSM Directive 2019/790).

Desarrollo de la denuncia y retirada inmediata

La acción legal se inició con una reclamación automática a través del sistema de YouTube, que en primera instancia ya había marcado el vídeo como potencial infracción. Ante la no respuesta del canal denunciado en el plazo de 7 días establecido por la plataforma, Alexelcapo procedió a formalizar la denuncia DMCA (Digital Millennium Copyright Act) adaptada al marco europeo, solicitando la eliminación definitiva.

En menos de 36 horas, el vídeo desapareció de la plataforma, dejando en su lugar el clásico mensaje: “Este vídeo ya no está disponible por motivos de derechos de autor”. Fuentes internas de YouTube consultadas por este diario confirman que se trató de una “resolución expedita” debido a la “evidencia clara de uso sustancial sin licencia” y al volumen de audiencia del reclamante —más de 1,84 millones de suscriptores verificados— que eleva el umbral de prioridad en revisiones manuales.

“Este no es un ataque a la libertad de expresión, es la defensa legítima de propiedad intelectual en un entorno donde el contenido propio se reutiliza sin control”, habría declarado un representante legal de Alexelcapo en una comunicación interna filtrada a varios medios especializados.

Reacciones en el sector y en la esfera pública

La noticia ha provocado una reacción en cadena. Desde el ámbito institucional, la Comisión Europea ha tomado nota del caso como “ejemplo ilustrativo” de cómo la aplicación efectiva del Reglamento de Servicios Digitales (DSA) y la Directiva de Derechos de Autor puede proteger a los creadores frente a la apropiación indebida, al tiempo que mantiene salvaguardas para la crítica y el comentario.

El eurodiputado del Partido Popular Europeo, Esteban González Pons, ha señalado: “Casos como este demuestran que la Unión Europea necesita herramientas rápidas y eficaces para defender la propiedad intelectual sin caer en la censura arbitraria. Aquí no se ha silenciado una opinión, se ha protegido un derecho fundamental”.

Por su parte, la Asociación Española de Creadores de Contenido Audiovisual (AECAV) emitió un comunicado en el que celebra la resolución: “Este precedente refuerza la posición de los creadores independientes frente a prácticas que, bajo la apariencia de crítica, diluyen el valor económico y moral de su trabajo original”.

En el lado opuesto, diversas voces del activismo digital han expresado preocupación. Un portavoz anónimo de la plataforma defensora de derechos en internet “Libertad Digital Sin Fronteras” ha afirmado: “Cuando una denuncia por copyright tumba un vídeo de crítica política en cuestión de horas, estamos ante un mecanismo que puede ser utilizado para silenciar disidencias incómodas. Esto podría equivaler a una privatización de la censura en manos de los propios gigantes tecnológicos”.

Ciudadanos en redes y comentarios de otros canales han dividido opiniones. Un comentario con más de 8.700 ‘me gusta’ rezaba: “Alex ha hecho lo que tenía que hacer. Nadie puede robarte 14 minutos de tu vida y monetizarlos mientras te insulta”. Otro, con miles de interacciones: “Esto es el fin del debate abierto en YouTube. Mañana cualquier grande puede tumbar a quien le critique con una simple denuncia”.

Análisis: un punto de inflexión en la gobernanza del contenido digital

Expertos en derecho digital consultados coinciden en que este episodio podría marcar un antes y un después en la forma en que se gestionan las disputas entre creadores en Europa. El Instituto Europeo de Propiedad Intelectual y Plataformas Digitales (IEPIPD), con sede en Luxemburgo y referencia obligada en estudios sobre DSA, ha incluido ya el caso en su monitorización trimestral: “La rapidez de la resolución demuestra la madurez del sistema Content ID cuando se combina con reclamaciones fundadas, pero también expone su vulnerabilidad ante abusos potenciales”.

Comparado con hitos como la batalla legal entre Google y los editores de prensa por derechos de autor en 2019, o la oleada de strikes que afectó a canales de crítica política durante la pandemia, este enfrentamiento representa “el momento en que los youtubers con audiencias masivas adquieren poder cuasi-institucional para modular el discurso público mediante herramientas legales antes reservadas a corporaciones multinacionales”.

Las consecuencias podrían extenderse a varios niveles: incremento en el uso estratégico de denuncias por copyright como arma en disputas ideológicas, mayor cautela a la hora de incorporar metraje ajeno en vídeos de reacción o análisis, y posible aceleración de reformas en el sistema de apelaciones de YouTube para evitar que se convierta en un mecanismo de eliminación exprés.

Incertidumbre sobre el futuro del debate en plataformas

Hasta el momento, “Un Tío Blanco Hetero” no ha emitido una declaración oficial ni ha presentado contradenuncia. Fuentes próximas al canal indican que se está evaluando “todas las vías legales posibles, incluyendo una apelación ante YouTube y, de ser necesario, acciones judiciales por uso legítimo y abuso de derecho”. Mientras, el canal de Alexelcapo ha experimentado un pico de suscripciones del 280% en las últimas 24 horas, según métricas independientes.

Lo que resulta innegable es que este “tumbado” por vía copyright trasciende la rivalidad entre dos personalidades del YouTube hispano. Plantea preguntas de calado sobre quién controla realmente el relato en la era digital: ¿los creadores con mayor poderío técnico y jurídico, las plataformas que actúan como árbitros privados, o las instituciones europeas que intentan regular un espacio en constante mutación?

En un continente que debate diariamente el equilibrio entre libertad de expresión y protección de derechos, este episodio podría ser recordado como el día en que una denuncia por derechos de autor decidió el vencedor de una de las polémicas más visibles del año. Y, como en toda encrucijada de esta magnitud, el verdadero impacto solo se revelará con el paso del tiempo.

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