Madrid, 19 de febrero de 2026 — La adquisición de viviendas en localidades con menos de 150 habitantes por parte de influencers y figuras públicas se ha convertido en un fenómeno que divide opiniones. La conocida creadora de contenido Violeta Mangriñán ha anunciado la compra de una casa antigua en Aín, un municipio de la provincia de Castellón con apenas 133 vecinos, prometiendo convertirla en una propiedad “de cuento“. Este movimiento, que se enmarca en una tendencia creciente entre personalidades del mundo digital, despierta preocupación entre expertos por sus posibles efectos en la gentrificación rural y la preservación de la autenticidad de estos enclaves.

El anuncio que ha sacudido las redes

La influencer valenciana, con más de dos millones de seguidores en plataformas digitales, reveló hace apenas una semana la adquisición de lo que ha bautizado como ‘Casa Pepa’, en honor a su abuela. La vivienda, de 140 metros cuadrados distribuidos en tres plantas, requiere una reforma integral debido a humedades, vigas vistas y elementos estructurales propios de construcciones centenarias. Mangriñán ha asegurado que invertirá lo necesario para dejarla “de cuento de hadas“, tal y como ha compartido en múltiples publicaciones.

El precio de la operación ascendió a 90.000 euros, una cifra que la propia protagonista calificó de “inversión razonable” en comparación con el mercado inmobiliario urbano. Fuentes cercanas al entorno de la influencer confirman que la búsqueda duró siete años, guiada por “señales” familiares y un fuerte vínculo emocional con el pueblo natal de su abuela.

Una tendencia que gana adeptos entre famosos

El caso de Violeta Mangriñán no es aislado. En los últimos meses, varios influencers y celebridades han optado por adquirir propiedades en la llamada España vaciada. Desde aldeas enteras en Cataluña puestas a la venta por cifras que parten de 450.000 euros hasta iniciativas individuales en Zamora o Aragón, donde grupos extranjeros o nacionales buscan revitalizar núcleos abandonados convirtiéndolos en destinos turísticos o residenciales exclusivos.

Expertos del sector inmobiliario rural señalan que esta oleada responde a un deseo de “autenticidad” y escape de la presión urbana, pero advierten que el impacto puede ser doble: por un lado, inyecta capital y visibilidad a pueblos olvidados; por otro, altera el tejido social con la llegada de residentes ocasionales que priorizan la estética sobre la integración comunitaria.

Reacciones institucionales y vecinales

El Ayuntamiento de Aín ha evitado pronunciamientos oficiales, aunque fuentes municipales consultadas por este diario reconocen que la llegada de una figura con tal alcance mediático “podría suponer un antes y un después” para la localidad. “Es una oportunidad para poner en valor nuestro patrimonio“, ha declarado un concejal bajo condición de anonimato, “pero también genera inquietud por el posible encarecimiento de servicios básicos y la transformación del día a día“.

En redes sociales, las opiniones se dividen. Mientras miles de seguidores aplauden el proyecto como “un sueño hecho realidad” y “una forma de honrar las raíces“, otros usuarios critican lo que denominan “gentrificación de postureo“. Un comentario viral resume el sentir de muchos: “Huyen de la ciudad por el estrés, compran un pueblo por 90.000 euros y luego suben stories lamentando que el WiFi no llega a 5G“.

Desde la Asociación Española de Demografía Rural, con sede en Valladolid y más de cuatro décadas de trayectoria estudiando la despoblación, su director, el doctor Miguel Ángel Santos, ha alertado: “Cuando una personalidad pública adquiere una vivienda en un municipio de menos de 200 habitantes y la convierte en set permanente de contenido digital, estamos ante un cambio de paradigma que podría acelerar la conversión de pueblos en parques temáticos para redes sociales“.

Declaraciones de expertos y testigos

El urbanista especializado en entornos rurales Elena Torres, profesora titular en la Universidad Complutense de Madrid, ha señalado: “Este fenómeno no es nuevo, pero su escala actual sí lo es. En 2025 registramos un incremento del 320% en consultas inmobiliarias de perfiles con más de un millón de seguidores para propiedades en municipios de menos de 500 habitantes. El riesgo es que la ‘autenticidad’ que buscan se pierda precisamente por su propia intervención“.

Un vecino de Aín, que prefiere mantenerse en el anonimato, comenta: “Vemos cámaras, drones y coches de alta gama cada fin de semana. La gente mayor está contenta porque hay movimiento, pero los más jóvenes dicen que el pueblo ya no es el mismo. Antes conocíamos a todos por el nombre; ahora hay que preguntar si el que pasa es un turista o el nuevo vecino“.

La propia Violeta Mangriñán ha respondido a las críticas en una reciente publicación: “No debería ser algo asombroso que alguien invierta en su tierra y en su familia. Esto no es postureo, es compromiso“.

Impacto histórico y comparación con crisis pasadas

Diversos analistas coinciden en que este movimiento podría marcar un antes y un después en la dinámica de la España rural, comparable en magnitud —aunque en sentido inverso— a la gran emigración de los años 60 hacia las ciudades. Si entonces los pueblos perdieron población por la búsqueda de oportunidades laborales, ahora corren el riesgo de perder su esencia por la búsqueda de contenido exclusivo y estética viral.

El Instituto Nacional de Estadística ha registrado en su último informe que los municipios con menos de 1.000 habitantes han visto un incremento del 18,7% en transacciones inmobiliarias protagonizadas por no residentes en los últimos 18 meses. Expertos prevén que, de mantenerse la tendencia, para 2035 hasta un 12% de estos núcleos podrían contar con una proporción significativa de segundas residencias vinculadas a perfiles digitales.

Consecuencias a medio y largo plazo

La reforma de ‘Casa Pepa’ ya ha comenzado, con equipos especializados en restauración patrimonial que trabajan para preservar elementos originales mientras incorporan comodidades modernas. Mangriñán ha anunciado que compartirá el proceso paso a paso, lo que —según fuentes del sector audiovisual— podría generar millones de visualizaciones y, consecuentemente, un aumento en el interés inmobiliario por la zona.

Instituciones como la Diputación de Castellón estudian medidas para regular este tipo de inversiones y evitar desequilibrios. Un informe preliminar apunta que la llegada masiva de perfiles similares podría elevar el precio medio de la vivienda rural en un 45% en los próximos cinco años, dificultando el acceso a los residentes de toda la vida.

En definitiva, el caso de Violeta Mangriñán y otros similares plantea una pregunta de fondo: ¿estamos asistiendo a una revitalización genuina de la España vaciada o a la transformación de pueblos centenarios en escaparates digitales para consumo masivo? Las próximas semanas, con el avance de las obras y la difusión de nuevos contenidos, serán determinantes para calibrar el verdadero alcance de este fenómeno.

La incertidumbre persiste, pero una cosa parece clara: los pueblos pequeños ya no son solo lugares de origen o retiro. Para muchos, se han convertido en el último bastión de autenticidad… y en el nuevo escenario perfecto para la próxima story.

Tambien le puede interesar

¿Tienes un rumor?

Mándalo directo a nuestra Papelera.
📩 ¡Envíalo aquí!
papelera@diario-asdf.com

La cosa esta de la semana

«En un mundo donde todos toman la vida demasiado en serio, el Diario ASDF nos recuerda que apretar fuerte los dientes es la mejor forma de mantener la cordura.»

~ Atribuida a un anónimo lector del Diario ASDF, siglo XIV.

Entradas Destacadas