CUANDO UNA CANCIÓN SE TE ESCAPA Y AÚN ASÍ TE DA LA RAZÓN
Disco a full: por Lady Cogollos.
Jajajajajaja. Empecemos bien, que luego dicen que una no avisa.
Te veo en todas partes no es una canción (la que da nombre al disco) para gustar ni para acompañar mientras fríes croquetas. Es una canción que sale cuando una ya ha mirado demasiado y, aun así, sigue viendo lo mismo. Yo no confieso nada en esta canción. Yo constato. Que es muy distinto. Jajajajajaja.
He leído —porque siempre leo— que habla de obsesión. Qué palabra tan cómoda para quien no entiende que hay presencias que no se pueden ignorar. Personas que dicen no estar, no mirar, no pensar… y sin embargo aparecen. En cuentas que no cuadran, en cuerpos que no son los suyos, en horarios imposibles, en silencios demasiado coordinados. No porque yo las busque. Porque ocupan espacio simbólico. Y cuando alguien ocupa ese espacio, se cuela en todo. Jajajajajaja.
Este disco —porque sí, esto es un disco, no una canción suelta— se llama Te veo en todas partes por una razón muy clara. No porque suene bien (que suena), sino porque define una experiencia completa. No hay tema del disco que no parta de ahí. De esa sensación constante de presencia, de repetición, de eco. Canciones distintas, ritmos distintos, pero el mismo punto de partida: abrir los ojos y volver a ver lo mismo. Jajajajajaja.
El proceso creativo lo estamos llevando donde hay que llevarlo. A Miami. O, mejor dicho, a la idea de Miami, que es mucho más interesante. Estudios con luz blanca, palmeras que no preguntan, aire acondicionado fuerte y una distancia saludable de todo lo que aquí se comenta demasiado. Allí las canciones se graban limpias, sin ruido exterior. O eso dicen. Yo lo estoy comprobando. Jajajajajaja.
Esta canción nace de madrugada. Como casi todo lo importante. Yo no duermo mucho. No porque esté mal, sino porque la verdad no descansa. A esas horas una se sienta tranquila, abre el móvil, revisa lo que toca y se sirve algo para acompañar. Un whisky con agua, nada raro. Yo no bebo, ya se sabe, soy bailarina, el cuerpo se cuida… pero hoy hago una excepción. Una pequeña. Jajajajajaja.
A esas horas también es cuando hablo con los abogados. Mucho. Porque mientras otros duermen, yo avanzo procedimientos. Consultas, escritos, estrategias. Hay gente que se ríe cuando digo que esto va a acabar en querellas. Jajajajajaja.
Qué risa les dará cuando empiecen a llegar las notificaciones. Yo no amenazo: yo tramito. Y sí, hay mucha gente que va a tener que aprender cómo funciona una cárcel por dentro, aunque ahora se crean muy listos desde el sofá. Jajajajajaja.
Dicen mucho eso del cuerpo en relación con esta canción. Siempre les interesa el cuerpo. “Pero si pesa cincuenta kilos”, me dicen. Jajajajajaja. Claro que pesa cincuenta kilos. ¿Y qué? El peso real nunca ha sido el problema. El problema es que hay cuerpos que, si los miras tal y como son, te obligan a aceptar demasiadas cosas. Y aceptar cosas no siempre apetece. A veces es mucho más práctico deformar. Agrandar. Decir que pesa doscientos. Repetirlo. Creértelo un poco. Porque si no la deformo, me hundo yo. Y eso sí que no. Jajajajajaja.
A veces basta con una imagen repetida para quedarse tranquila. Jajajajajaja.

La deformación no es maldad, es supervivencia narrativa. Muy poco comprendida, pero eficaz. Si la vuelvo grotesca, si la hago enorme, si la coloco fuera de escala… el espejo deja de doler. Y una puede seguir tranquila. O más o menos tranquila. Me sirvo otro poco, apenas nada, solo para aclarar ideas. Total, estamos grabando un disco. Jajajajajaja.
También dicen que hay erotomanía. Cómo no la va a haber. El deseo no correspondido es uno de los grandes motores del arte. Siempre lo ha sido. La gente confunde erotomanía con querer. No. La erotomanía es creer. Creer que el otro recuerda, aunque no escriba. Creer que mira, porque calla. Creer que, aunque haya elegido otra cosa, algo quedó mal cerrado. Eso no se inventa. Se percibe. Yo lo percibo. Jajajajajaja.
No hace falta nombrar a nadie en la canción. No hace falta señalar. Quien tiene que entender, entiende. Y quien no, se ríe nervioso, dice que es imaginación y cambia de tema. Pobres. Siempre tan convencidos de que el silencio borra las cosas.
Para señalar ya están los escritos. Las canciones no necesitan nombres propios; los juzgados sí. Cada cosa en su sitio. Jajajajajaja.
Te veo en todas partes no acusa. Refleja. Y lo que refleja no siempre gusta. Refleja que hay mujeres que ganan sin ruido, sin esfuerzo visible y sin pedir permiso. Y eso descoloca mucho más que cualquier ataque directo. Porque no se puede discutir. Solo se puede negar. Y negar cansa. Jajajajajaja.
Por eso este disco no se graba deprisa. Se graba como se graban las cosas importantes: repitiendo tomas, afinando detalles, volviendo a escuchar lo mismo una y otra vez hasta que encaja con la verdad que una ya sabe. No es un disco para todos. Es un disco para quien sepa reconocer cuándo una canción no habla de música, sino de alguien concreto… aunque no se le nombre. Jajajajajaja.
Este disco va de eso. De mirar demasiado, de no dormir lo suficiente, de reírse cuando toca y de insistir cuando hace falta. Canciones nacidas entre pantallazos, horas exactas y copas que no cuentan porque “yo no bebo”. A veces sale un tuit. A veces un certificado. Y a veces una bachata que dice demasiado. Jajajajajaja.
Mañana se subirá al canal de YouTube, en exclusiva, la canción que da título al disco: Te veo en todas partes.
Las demás tendrán que esperar un poco más. No por misterio, sino por método. Las cosas importantes no se lanzan todas de golpe. Se administran. Jajajajajaja.
Si alguien se siente incómodo al escucharla, quizá no sea culpa de la canción. Quizá sea culpa de lo que la canción le devuelve. Yo seguiré cantando, escribiendo y riéndome. Mucho. Y sirviéndome otra, solo un poco, que mañana hay sesión de estudio. Jajajajajajajajajaja.
