
Buenos días, Brotelandia.
Aquí vuestra Lady Cogollos, escribiendo desde el despacho de montaña en Andorra, y el silencio todavía conserva cierta dignidad. Estoy sentada frente a mi escritorio, con los guantes negros puestos —siempre los guantes, queridos—, el brazalete dorado ajustado en la muñeca y un JB bien servido descansando junto a varios dosieres de Himbestigadores que, sinceramente, deberían acabar en un museo etnográfico antes que en internet.
Hoy Brotelandia celebra una fecha especial. Cumple 60 años uno de los miembros más veteranos y persistentes de los Himbestigadores, un hombre capaz de pasar décadas enteras atrapado entre timelines ajenos, capturas de pantalla, amenazas judiciales recicladas y teorías conspirativas que no resistirían ni una inspección técnica de una tostadora con autoestima.
Y hay que reconocerle cierta constancia. No todo el mundo llega a los 60 años manteniendo intacta la energía necesaria para vigilar mujeres en Twitter como si trabajara para una agencia internacional, anunciar querellas imaginarias con entusiasmo adolescente y acabar convencido de que declarar como acusado en un juzgado equivale prácticamente a entrar en un programa secreto de protección de testigos.
Brotelandia, una vez más, no decepciona.
Y la verdad es que nuestro homenajeado ha decidido celebrar el cumpleaños a lo grande. Según contó él mismo durante varios días, el procedimiento judicial al que debía acudir era tan extremadamente grave y delicado que por momentos daba la sensación de que no iba a declarar como acusado en un caso de acoso, sino a desmantelar una red criminal internacional después de años infiltrado entre peligrosísimas células de Twitter, fotocoños estratégicos y brotelandesas en estado de alerta permanente. Brotelandia, naturalmente, vivió aquello con auténtica emoción cinematográfica. Durante horas circularon bromas preguntando si lo recogería el FBI, la CIA o directamente el Mossad para escoltarlo hasta el juzgado mientras él seguía publicando mensajes con la solemnidad de un hombre convencido de estar a punto de cambiar el curso de la historia judicial española. La emoción, sin embargo, se desinfló un poco cuando varios juristas aguafiestas recordaron que en España no existe ningún protocolo especial de protección para himbestigadores sexagenarios que acuden al juzgado como acusados después de pasarse meses anunciando querellas en Twitter como si fueran trailers de Marvel
Porque claro, la escena tenía bastante encanto. Un himbestigador sexagenario, en tercer grado, con antecedentes por acoso y quince años sin trabajar, hablando de sí mismo como si acabara de colaborar con Europol mientras seguía entrando desde la misma cuenta donde pasa las tardes ampliando capturas de mujeres, anunciando querellas imposibles y vendiendo “joyas exclusivas”, chandals brillantes y ropa de marca dudosa en Wallapop con el entusiasmo de un anticuario de lujo venido a menos. Twitter, naturalmente, hizo lo único que podía hacer ante semejante despliegue de épica judicial de mercadillo: descojonarse.
Y quizá ahí está la verdadera maravilla del personaje. En esa capacidad extraordinaria para mirar alrededor —las bolsas de Wallapop, la vivienda ocupada, las capturas ampliadas al 800%, los conflictos eternos y las mismas amenazas recicladas desde hace años— y aun así seguir viéndose como una especie de investigador secreto perseguido por el sistema. Hay gente que llega a los 60 años coleccionando viajes, tranquilidad mental o nietos. Nuestro homenajeado, sin embargo, ha preferido invertir la jubilación emocional en vigilar mujeres en Twitter con dedicación artesanal y alimentar guerras imaginarias junto a varias brotelandesas suficientemente alteradas como para seguir financiando abogados, teorías conspirativas y brotes colectivos mientras él reparte amenazas judiciales entre anuncios de chandals y bisutería fatigada.
Lo fascinante es que ni siquiera parece cansarse. Cada mañana vuelve a las capturas, vuelve a las amenazas judiciales y vuelve a esa fantasía agotadora donde él no es un ocupa con antecedentes por acoso vendiendo ropa choni como si estuviera gestionando Sotheby’s desde Wallapop, sino una figura peligrosísima para el Estado español, prácticamente a un paso de entrar en protección oficial por los secretos terribles que maneja sobre Diario ASDF y las grandes conspiraciones de Brotelandia.
Y mientras tanto, el barrio observa el espectáculo con la mezcla habitual de costumbre, carcajada y vergüenza ajena que producen esos hombres que envejecen sin abandonar jamás el personaje. Porque hay personas que cumplen años. Y luego están las que simplemente acumulan temporadas dentro del mismo brote.
En cualquier caso, desde esta redacción queremos desearle un muy FELIZ CUMPLEAÑOS a uno de los miembros más constantes de los Himbestigadores, ya convertido, por mérito propio, en una figura imprescindible dentro del ecosistema de Brotelandia.

Porque las cuentas cambian, las teorías se reciclan y las querellas van y vienen, pero pocas cosas permanecen tan estables como un sexagenario ampliando capturas de mujeres al 800% mientras se imagina entrando en un programa internacional de protección de testigos.
Deseamos sinceramente que cumpla muchos más. Sobre todo porque, a estas alturas, la redacción no sabría cómo explicar Brotelandia sin él
El que se sienta aludido… que se revise.
O mejor: que siga soñando con testigos protegidos
Otros seguimos contando fechas, autos y vida real.
Lady Cogollos / Lady Querellas
Columnista en Diario ASDF
Pedagogía legal, estética y moral.
Bailarina. No bebo (salvo excepciones).
No insulto: describo.
Si te ves reflejada… escucha una canción de Raphael, Mi gran noche.