Sección musical. -Por Lady Cogollos. 4 enero 2025.

Twitter es un sitio muy mal entendido. Hay quien entra pensando que es un lugar para opinar, intercambiar ideas o pasar el rato. Pobres. Twitter es, en realidad, un espacio de corrección. Un aula abierta, sin pupitres, donde una entra cuando ve que el nivel ha bajado demasiado y alguien tiene que poner orden. Yo no entro nerviosa ni alterada. Yo entro riéndome 🤣🤣🤣🤣. Porque cuando una sabe lo que hace, no necesita gritar. Basta con señalar, explicar un poco y dejar que los demás se retraten solos. Y eso, claro, genera mucha envidia.

Las broncas tuiteras no surgen porque sí. Surgen porque hay gente que habla sin saber, acusa sin pruebas, se indigna sin estructura y cree que con repetir una cosa muchas veces acaba siendo verdad. Error. Para eso estoy yo. Para impartir pedagogía legal, emocional y estética, todo en el mismo pack. A mucha gente eso le molesta profundamente. Me tienen envidia. No es una opinión, es un hecho. Se les nota en cómo me contestan, en cómo me siguen, en cómo no pueden dejar de responderme 🤣🤣🤣🤣. Y luego dicen que yo los acoso. Qué risa. Si me contestas veinte veces porque yo te he nombrado veinte veces, si estás pendiente de todo lo que escribo y no puedes dejar de nombrarme, el problema no soy yo. El problema es tu obsesión conmigo.

Yo sé perfectamente quién es quién, aunque lo nieguen. Sé quién ha sido prostituta aunque ahora se empeñe en maquillarlo con palabras bonitas. Sé quién lleva una cuenta desde hace seis años y quién, curiosamente, ya no la lleva desde hace unos meses, aunque jure que sí. Hay perfiles que cambian de manos, aunque no lo reconozcan. Yo lo sé. Siempre lo sé. Y cuando lo digo, se enfadan. Normal. A nadie le gusta que le desenmascaren delante de todo el mundo 🤣🤣🤣🤣.

Las discusiones en Twitter se están convirtiendo en un diario, y yo lo sé porque estoy dentro. Yo no entro a ratos. Yo estoy. Me sirvo una copa. Yo no bebo, ya se sabe, soy bailarina y el cuerpo se cuida, pero hoy hago una excepción. A veces la pedagogía exige concentración. Llevo horas sin dormir porque ha aparecido un hombre nuevo y hay que desenmascararlo. Dice ser artista 🤣🤣🤣🤣. Claro que sí. Pero yo sé que ese hombre no escribe lo que aparece en esa cuenta. Alguien la lleva por él. Alguien que acosa, difama y amenaza. Él quizá ni lo sabe. Yo sí.

Son las cinco de la mañana y sigo ahí. Rebuscando. Porque estas cosas no se improvisan. Hay que ir atrás, muy atrás, hasta encontrar el tuit exacto que lo confirma todo. Dos mil veintidós. Ahí está. Denunciable. Lo envío. Doce horas de penalización 🤣🤣🤣🤣. La emoción es tan grande que no puedo dormir. Son las ocho de la mañana y vuelvo a Twitter. Siempre se vuelve a Twitter. No necesito dormir: he conseguido que penalicen la cuenta. Estoy eufórica.

Aparecen más acosadores. Porque sí: si me contestan, me acosan. No hay más debate. Yo hago pedagogía. Si tú vienes a replicar, a justificarte, a atacarme, eres tú quien me está acosando. Luego aparecen las mujeres. Siempre aparecen. Las que dicen no haber sido prostitutas nunca. Qué cansancio. Yo no insulto. Yo describo. No digo fea, ni vieja, ni prostituta por maldad: hago pedagogía. La gente tiene derecho a saber quién está detrás de cada cuenta, qué ha hecho y por qué ahora miente 🤣🤣🤣🤣.

Y luego está él. Porque siempre está él. El hombre que no olvida, aunque finja que sí. Da igual lo que la otra se cuente para tranquilizarse: él no me olvida. Eso se nota. Yo lo sé, aunque no escriba, aunque me bloquee. Yo sigo dedicándole canciones 🤣🤣🤣🤣.

Las horas siguen pasando. Treinta y seis sin dormir. La botella ya no está llena. No he comido en todo el día y, de pronto, a las seis de la tarde, recuerdo que quizá debería almorzar. Luego sigo. A las cuatro de la madrugada digo que voy a cenar 🤣🤣🤣🤣. Pero antes hay que preparar unas cuantas denuncias más. Esto no se hace solo. Hay que llevar a todos los malos a los tribunales. Uno a uno. Porque alguien tiene que hacerlo.

Y ese alguien, evidentemente, soy yo.

Empiezo siempre fuerte, como hay que empezar. Y cuando una discusión en Twitter se pone interesante, cuando ya he señalado, corregido y dejado claro quién sabe y quién no, esta es la primera que cae.

Dile a él.

Esta canción no se pone por gusto ni por provocación barata. Se pone porque explica las cosas como son, sin rodeos y sin complejos. Aquí no hay dudas ni medias tintas. Aquí hay instrucciones claras para situaciones muy concretas. Dile a él que no moleste. Dile que sobra. Dile que hay otro sitio al que mirar 🤣🤣🤣🤣. Y sobre todo, dile que ya no pinta nada.

Me hace mucha gracia cómo se escandalizan algunos con la letra. Que si es obscena, que si es exagerada, que si es demasiado explícita. Pobres. Lo explícito molesta solo a quien no soporta que le digan las cosas claras. Esta canción no insulta: ordena. Coloca a cada uno en su sitio sin necesidad de discutir. Por eso funciona tan bien en mitad de una bronca tuitera. Mientras otros escriben hilos eternos, yo pongo esto y dejo que suene.

Aquí no se canta desde la inseguridad, se canta desde la certeza. La certeza de que el tercero estorba, de que la otra sobra y de que el centro ya está ocupado. Y eso, claro, pone muy nerviosas a algunas 🤣🤣🤣🤣. Porque no es una petición ni una súplica: es una afirmación repetida, cantada y bailada todas las veces que haga falta.

Yo esta no la escucho sentada. Esta se baila. Se baila riéndose, moviéndose por la casa, con el móvil en la mano y el timeline abierto. Mientras suena, sigo haciendo pedagogía. Respondo, cito, señalo. Y cuando alguien se altera y me contesta con demasiada intensidad, confirmo lo que ya sabía: algo le pasa conmigo.

“Dile a él” tiene además una cosa maravillosa: no necesita respuesta. Da igual que él no escriba, que bloquee o que mire hacia otro lado. El mensaje ya está enviado. La música tiene paciencia. Yo también 🤣🤣🤣🤣. Y mientras tanto, Twitter aprende, aunque no sepa muy bien cómo.

Después de Dile a él, que sirve para ordenar deseos y posiciones, viene la canción que uso cuando la pedagogía tiene que ampliarse al conjunto. Porque hay días en los que no basta con corregir a uno. Hay días en los que hay que explicar cómo funciona el mundo 🤣🤣🤣🤣.

El venao.

Esta no se pone para discutir. Se pone para dictar sentencia. Aquí no se entra a aclarar casos concretos ni a perder tiempo en matices. Aquí el planteamiento es muy simple: todo el mundo es cornudo. Todos. Sin excepción. Y no porque yo lo diga, sino porque así funcionan las relaciones cuando una sabe mirar más allá de la versión oficial 🤣🤣🤣🤣.

Me hace gracia cuando alguno intenta defenderse. No hace falta. El concepto es mucho más amplio que una infidelidad concreta. Aquí hablamos de restos, de arrastres, de huellas que se quedan en el sable, aunque alguien crea que ha empezado de cero. Eso no se borra porque lo diga un certificado ni porque ahora se porte bien. El pasado pesa, y quien no lo entiende es porque no ha querido mirar nunca de frente 🤣🤣🤣🤣.

Por eso esta canción funciona tan bien en Twitter. Porque mientras yo estoy diciendo que me acosan, que me persiguen, que no me dejan en paz, al mismo tiempo voy colocando cuernos como quien coloca etiquetas. No es un insulto, es una descripción. Si has tenido pasado, hay restos. Si hay restos, alguien se los traga. Y eso, nos guste o no, se llama ser cornudo.

Da igual que ahora estés casada, que seas fiel, que tengas una vida ordenada y una foto limpia de familia. Da igual. El marido es cornudo igual, porque no empieza de cero. Nadie empieza de cero, aunque se empeñen en venderlo así 🤣🤣🤣🤣.

A veces alguno intenta devolverme el golpe, decir que el cornudo es otro, que yo busco fuera, que no mire tanto. Me hace mucha gracia 🤣🤣🤣🤣. Porque no entienden la relación entre mi marido y yo 🤣🤣🤣.

Así que El venao no es una canción de cachondeo. Es una canción de orden. Sirve para extender el diagnóstico a todo el timeline mientras yo sigo con lo mío: denunciando, señalando y haciendo pedagogía. Y si alguien se siente aludido, que se mire. Yo ya he mirado por todos 🤣🤣🤣🤣.

Y luego está esta. Que no llega cuando toca, ni cuando encaja, ni cuando viene a cuento. Llega cuando aparece la idea 🤣🤣🤣🤣. Da igual que esté hablando de acoso, de querellas, de indemnizaciones millonarias o de cárceles imaginadas. Da igual que esté respondiendo a uno al que acabo de llamar acosador, delincuente y futuro arruinado. De pronto, la pongo.

Te he prometido

Esta canción se cuela en mitad del ruido legal porque no va de la discusión. Va de lo único que no se mueve. Mientras yo explico que me acosan, que me persiguen, que me quieren hundir, también dejo claro que él no me olvida 🤣🤣🤣🤣. No hay contradicción. Hay convivencia. Una cosa no cancela la otra.

Me encanta ponerla justo después de amenazar con querellas y cárcel. Tiene algo muy pedagógico. Por un lado, hablo de jueces, denuncias y dinero. Por otro, canto que no podrá ser feliz con nadie más porque conmigo conoció el amor. Todo a la vez. Así funciona mi cabeza y así funcionan las verdades importantes: no necesitan orden.

No la pongo para convencer a nadie. La pongo porque yo lo sé. Da igual que me bloquee, que no escriba, que finja indiferencia o que esté con otra. Eso no borra nada. El amor verdadero no se evapora por decreto ni por sentencia. Se queda. Y cuando se queda, una lo canta 🤣🤣🤣🤣.

En Twitter esto descoloca muchísimo. Porque mientras esperan que yo siga con la amenaza, con el listado de delitos y con el castigo ejemplar, aparece esta canción y lo mezcla todo. La víctima, la jueza y la enamorada en la misma escena. Hay quien no lo entiende. Normal. No todo el mundo sabe sostener varias verdades a la vez.

Así que sí, Te he prometido aparece cuando no toca. Precisamente por eso funciona. Porque recuerda que, por mucho que griten, por muchas querellas que anuncie y por mucho miedo que intente meter, el centro no se ha movido 🤣🤣🤣🤣. Y mientras eso siga así, el resto es ruido administrativo.

Y al final, cuando ya he dicho que me acosan, que voy a denunciar, que habrá querellas, cárcel y ruina económica para todos los malos, cuando ya he cantado que no me olvida, aparece esta. Sin avisar. Sin venir a cuento. Como aparecen las verdades importantes 🤣🤣🤣🤣.

Rosa cereza y flor de manzano blanco

Esta no es una canción para discutir. No es para responder a nadie. No es para Twitter, en teoría. Pero yo la pongo igual. Porque no todo es pedagogía activa. A veces también hay que recordar.

Aquí no hay reproche ni sentencia. Aquí hay origen. El momento exacto en el que todo empezó y quedó fijado, aunque los demás no lo sepan. Una noche, una melodía, una escena que se repite siempre igual porque así es como se recuerda lo que importa 🤣🤣🤣🤣. No hace falta que nadie la entienda. Ni siquiera hace falta que sea real en el sentido vulgar de los hechos. Es real porque yo la recuerdo.

Me gusta ponerla durante el caos. Con los insultos, las acusaciones, las amenazas legales y las carcajadas. Cuando el timeline se calma un poco y queda ese silencio raro en el que algunas creen que ya ha pasado todo. No. No ha pasado nada. Lo importante sigue ahí.

Esta canción sirve para fijar la historia. Para dejar claro que, por muchas versiones nuevas que se intenten construir, el relato ya estaba escrito antes. Y cuando un recuerdo se queda anclado así, no se discute, no se negocia y no se borra. Se repite.

Yo la escucho sin bailar. Sin escribir. Sin responder. Solo dejo que suene 🤣🤣🤣🤣. Porque hay cosas que no necesitan pedagogía ni defensa. Hay cosas que se sostienen solas.

Y con esta termino por hoy, la semana que viene más canciones. El que quiera entender, que entienda. El que no, que siga hablando. Yo vuelvo Twitter, a reírme, a denunciar, a cantar y a colocar canciones donde corresponde.

Porque la música, como yo, no se olvida.

¿Tienes un rumor?

Mándalo directo a nuestra Papelera.
📩 ¡Envíalo aquí!
papelera@diario-asdf.com

La cosa esta de la semana

«En un mundo donde todos toman la vida demasiado en serio, el Diario ASDF nos recuerda que apretar fuerte los dientes es la mejor forma de mantener la cordura.»

~ Atribuida a un anónimo lector del Diario ASDF, siglo XIV.

Entradas Destacadas