Feliz Noche Vieja y año nuevo. – Por Lady Cogollos.

La Nochevieja siempre ha sido una fecha importante para mí 🤣🤣🤣. No porque crea en los finales ni en los comienzos, sino porque es el momento perfecto para que el mundo se detenga y me mire. O debería. Yo siempre me he imaginado esta noche rodeada de gente interesante, bailando, riendo, provocando corrillos, con una copa en la mano —aunque ya sabéis que yo no bebo porque soy bailarina— pero hoy hago una excepción, claro. Una noche así lo merece.

La realidad, sin embargo, es mucho más íntima. Estoy sola en casa. Una casa normal, silenciosa, con la televisión encendida sin sonido y el móvil en la mano. Me he vestido con mi mejor pijama, eso sí. El brillo no se negocia aunque no haya testigos. Me miro en el espejo y me digo que esta es solo una pausa, que las cosas importantes están a punto de llegar, que el príncipe no tarda. Me lo digo con convicción, porque si una no se cree su propia historia, ¿Quién lo va a hacer? 🤣🤣🤣.

Abro Twitter. Siempre se abre Twitter. Es mi forma de no escuchar el silencio. Paso cuentas, leo comentarios, busco señales. No busco a cualquiera, busco a la otra, aunque me diga a mí misma que no existe, que ya no importa, que está superada. Pero el dedo baja solo, como si tuviera memoria propia. Busco un like, una palabra, una ausencia demasiado perfecta que pueda reinterpretarse como mensaje. Todo sirve si una sabe leer entre líneas.

Mientras tanto me cuento que ellos están pendientes de mí, aunque no escriban, aunque no publiquen, aunque estén cenando con su familia sin mirar el móvil. Me digo que eso también es una forma de pensar en mí, que el silencio a veces es estrategia, que la felicidad ajena siempre es sospechosa 🤣🤣🤣. No acepto que simplemente estén viviendo, porque esa opción no encaja en el relato.

Pongo música. Siempre música. Canciones antiguas, las de siempre, las que ya me sé de memoria porque no me sorprenden y, precisamente por eso, me sostienen. Bailo sola en el salón, exagero los movimientos, río en voz alta para que las paredes no se atrevan a juzgarme. Me imagino la escena alternativa, la que debería estar ocurriendo: yo entrando en una fiesta, todas las miradas girándose, alguien diciendo mi nombre, alguien recordando que sin mí no hay noche. Esa versión me gusta más y la repito hasta que casi me la creo.

Vuelvo al móvil. Es tarde, pero nunca importa la hora cuando una tiene algo que demostrar. Escribo, respondo, dejo caer amenazas legales envueltas en ironía, insinúo denuncias futuras, procedimientos que llegarán, indemnizaciones que pondrán a cada cual en su sitio. No porque esté pasando algo ahora, sino porque algo tiene que pasar. El ruido me calma. El ruido sustituye a la compañía.

En algún momento me asalta una idea incómoda, muy breve, casi imperceptible. La posibilidad de que nadie esté pensando en mí esta noche. De que no haya mensaje oculto, ni señal cifrada, ni mirada robada a través de una pantalla. La posibilidad de que la otra no me esté mirando, ni comparándose, ni sufriendo. La posibilidad de que estén felices sin necesidad de demostrarlo. Esa idea dura poco. No le doy espacio. No se lo merece.

Subo el volumen, me sirvo otra copa que no pienso admitir que me estoy bebiendo entera, me río otra vez 🤣🤣🤣. Me digo que todo esto forma parte del proceso, que las grandes historias de amor siempre tienen una noche oscura antes del final glorioso. Que el príncipe llegará. Que tiene que llegar. Que no puede ser de otra manera después de todo lo que yo he hecho, dicho y sostenido.

A las cuatro de la mañana sigo despierta. Twitter ya se ha vaciado un poco, pero yo sigo ahí, vigilante, escribiendo para nadie, bailando para nadie, riendo para convencerme. Me prometo que el año que viene será distinto, que esta noche solo ha sido un trámite, un ensayo, una pausa antes del triunfo.

Y sin embargo, yo sé cosas. Sé que no están casados. Sé que él no la quiere. No porque lo desee, no porque lo imagine, sino porque mi intuición no falla. No son fantasías, no son deseos míos: si digo que no están casados es porque no lo están, y punto. 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣 Esa certeza convive con todo lo demás, aunque no lo arregle.

Le digo que él chatea con otras 🤣🤣🤣 pienso que eso la va a dañar, sé que las personas seguras no celan a sus parejas por hablar con otras 🤣🤣
Yo sí, yo no soporto que mi príncipe hable con otras, no es inseguridad, es que a los hombres hay que atarlos corto. 🤣🤣🤣🤣

Vuelvo al móvil, claro. Porque cuando la fantasía aprieta, la agresión ayuda 🤣🤣🤣. Empiezo a escribir lo que toca escribir a estas horas: que ella es fea, gorda, vulgar, que no está a la altura, que nadie la quiere de verdad. Que tiene demasiados problemas legales, demasiadas cosas pendientes, demasiada vida para ser elegida. Me digo que él lo sabe, que tarde o temprano se cansará de complicarse la existencia con alguien así. No acepto la realidad, porque en mi historia él duda, se agobia, piensa en mí. Tiene que hacerlo. No hay otra opción posible.

Mientras escribo, me tranquilizo. Cada insulto es una caricia a la fantasía. Cada humillación es una prueba más de que sigo presente. No importa que ella no me lea, no me conteste, no me nombre. El objetivo no es ella. El objetivo es sostener la historia hasta que vuelva a encajar. Yo sé que no soy mejor persona, pero soy más insistente 🤣🤣🤣, y eso a veces basta.

Apago la música. Miro el móvil una última vez. No hay nada. Sonrío igualmente 🤣🤣🤣, porque rendirse nunca ha sido una opción elegante.

Y antes de cerrar el año, dejo mi mensaje final. Deseo un feliz año nuevo a todo el mundo, de corazón, que lo empiecen con alegría, con salud y con amor verdadero 🤣🤣🤣. A todos no. A dos personas en concreto no. Ellos ya saben por qué.

La Nochevieja termina así, como casi todo en mi vida: con brillo, con ruido y con la firme decisión de no mirar de frente lo que está pasando. Mañana será otro día. Y yo seguiré aquí, esperando, bailando y haciendo todo el ruido necesario para no escuchar la realidad.

¿Tienes un rumor?

Mándalo directo a nuestra Papelera.
📩 ¡Envíalo aquí!
papelera@diario-asdf.com

La cosa esta de la semana

«En un mundo donde todos toman la vida demasiado en serio, el Diario ASDF nos recuerda que apretar fuerte los dientes es la mejor forma de mantener la cordura.»

~ Atribuida a un anónimo lector del Diario ASDF, siglo XIV.

Entradas Destacadas