Berlín, 27 de febrero de 2026 – El episodio piloto de Los Teletubbies, emitido originalmente en 1997, ha sido elevado de repente al estatus de obra de culto contemporánea después de su proyección no programada durante la 76ª edición del Festival Internacional de Cine de Berlín. Lo que comenzó como un error técnico se ha transformado en uno de los momentos más comentados del certamen, con críticos internacionales alabando su valentía estética y su capacidad para desafiar las convenciones del cine experimental.
La cinta, de apenas 25 minutos de duración, fue proyectada en la sala principal del Berlinale Palast ante una audiencia de más de 1.600 personas que esperaban la última obra del director checo Jan Vorel, titulada Sombras en el carbón. En su lugar apareció el icónico paisaje de hierba artificial, el bebé sol sonriente y las figuras multicolores de Tinky Winky, Dipsy, Laa-Laa y Po realizando sus primeros movimientos coreografiados. El proyeccionista ha admitido que insertó por error el DVD que había adquirido para su hija de cinco años, en vez del DCP oficial del filme checo. Fuentes del festival aseguran que este incidente podría redefinir los límites entre el cine infantil y el arte de vanguardia durante las próximas décadas.
El incidente que nadie esperaba
La proyección tuvo lugar el pasado 22 de febrero en la sección oficial competitiva. Según el relato oficial facilitado por la dirección del Berlinale, el equipo técnico detectó una anomalía en el servidor de reproducción apenas tres minutos antes del inicio. El proyeccionista jefe, Herr Klaus Meier, de 58 años y con más de tres décadas de experiencia en festivales internacionales, decidió resolver la situación de forma manual.
“Saqué el primer disco que encontré en mi mochila personal”, explicó Meier en una declaración exclusiva concedida a este diario. “Era el piloto de Los Teletubbies que compré en una tienda de segunda mano en Kreuzberg para mi pequeña Greta. No pensé que nadie lo notaría durante los primeros segundos. Cuando vi las antenas en las cabezas y el tubby toast volando por la pantalla, ya era demasiado tarde para detener la proyección sin causar un apagón general.”
La sala permaneció en silencio absoluto durante los primeros cuatro minutos. Luego comenzaron los murmullos. Al finalizar los créditos iniciales, con la emblemática frase “Teletubbies, say eh-oh!”, estalló un aplauso sostenido de casi siete minutos, uno de los más largos registrados en la historia reciente del festival.
Reacciones inmediatas de la crítica especializada
Los críticos presentes en la sala no tardaron en reaccionar. A.O. Scott, del New York Times, publicó en su cuenta profesional: “Una pieza fundacional del posminimalismo infantil. Su rechazo absoluto a la narrativa lineal y su insistencia en la repetición como principio estético lo sitúan en la misma tradición que Warhol y Snow, pero con un presupuesto de juguetería.”
Desde Francia, Cahiers du Cinéma dedicó su crónica diaria al suceso bajo el titular “El sol bebé como alegoría del Antropoceno”. La revista afirma que “la sonrisa perpetua del infante solar representa la inocencia perdida de una civilización que ya no sabe mirar al cielo sin miedo”.
En España, Fotogramas calificó el episodio como “el gesto más radical del año” y señaló que “la ausencia total de conflicto dramático convierte a los Teletubbies en los verdaderos herederos de Bresson y su modelo de despojo absoluto”.
Contexto histórico del episodio piloto
El piloto de Los Teletubbies, grabado en 1995 y emitido por primera vez en la BBC el 31 de marzo de 1997, fue concebido por Anne Wood y Andrew Davenport como un experimento pedagógico radical. Su objetivo declarado era “romper con la tradición del cuento lineal” y ofrecer a los niños de entre uno y cuatro años una experiencia sensorial pura, libre de toda causalidad narrativa.
Expertos del Instituto de Estudios Infanto-juveniles de la Universidad de Upsala (Suecia), considerado el principal centro mundial de análisis de medios preescolares, han recordado que el piloto contenía 17 minutos más de repeticiones coreográficas que el episodio estándar que finalmente se emitió. “Esos 17 minutos extra son precisamente los que elevan la pieza a categoría de manifiesto estético”, afirma la doctora Ingrid Larsson, directora del instituto. “La repetición no es error, es dogma.”
Declaraciones institucionales y políticas
El comisario europeo de Cultura, Thierry Breton Jr., emitió un comunicado oficial en el que califica el incidente como “un recordatorio necesario de que el arte no entiende de formatos ni de intenciones programadas”. Fuentes cercanas al comisario aseguran que se está estudiando la posibilidad de incluir el piloto en el Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unión Europea.
Por su parte, el ministro de Cultura checo, Pavel Novotný, expresó su “profunda decepción” por la sustitución accidental de su director estrella, pero añadió: “Si un error logístico puede convertir un programa infantil en el evento cinematográfico del año, quizá debamos replantearnos qué entendemos por vanguardia.”
Desde el Centro de Estudios Tubby de la Universidad de Lancaster (Reino Unido), el profesor emérito Sir Reginald Tubworth declaró: “Este es el momento que esperábamos desde 1997. Los Teletubbies nunca fueron un programa infantil. Eran un experimento sociológico disfrazado de entretenimiento. Ahora, por fin, el mundo académico lo reconoce.”
Impacto y consecuencias a largo plazo
Diversos analistas coinciden en que la proyección accidental podría tener repercusiones históricas comparables a otros grandes malentendidos culturales del siglo XX: la emisión de La guerra de los mundos de Welles en 1938, el Ready-made de Duchamp en 1917 o incluso el Black Square de Malevich en 1915.
“Estamos ante un cambio de paradigma”, asegura la crítica alemana Helga Schneider en Die Zeit. “Durante décadas se pensó que el arte contemporáneo debía ser difícil, inaccesible, incómodo. Los Teletubbies demuestran que también puede ser alegre, colorido y repetitivo hasta el punto de la hipnosis. Eso es mucho más subversivo.”
En el ámbito académico ya circulan propuestas para crear una cátedra específica sobre “Poética de la repetición tubby” en la Universidad Libre de Berlín. Además, el MoMA de Nueva York ha confirmado conversaciones preliminares para adquirir una copia restaurada en 4K del piloto con fines expositivos permanentes.
Repercusiones en la industria y en el público
Productoras independientes de media docena de países han anunciado que revisarán sus proyectos en curso para incorporar “elementos tubby”: repetición mecánica, colores primarios saturados y narrativas circulares sin resolución. Fuentes de Netflix indican que la plataforma está considerando relanzar el catálogo completo de la serie original bajo la etiqueta “Teletubbies: Directors Cut”, incluyendo el piloto íntegro como episodio especial.
Ciudadanos anónimos que asistieron a la proyección han compartido testimonios en los pasillos del festival. “Al principio pensé que era una broma de mal gusto”, relata Marta López, estudiante española de cine. “Pero al minuto diez ya estaba llorando de emoción. No sé por qué. Simplemente… funcionaba.”
Otro asistente, Pierre Dubois, académico francés jubilado, resume el sentir general: “Es como si hubiéramos visto el Big Bang del posmodernismo infantil. Y todo por un error de un señor que quería hacer feliz a su hija.”
Cierre: un antes y un después
El episodio piloto de Los Teletubbies ya no es solo un capítulo olvidado de la televisión preescolar. Tras su irrupción en la Berlinale 2026 se ha convertido en símbolo involuntario de una época que cuestiona sus propias jerarquías estéticas. Lo que empezó como una confusión logística podría terminar siendo recordado como el momento en que el cine contemporáneo se miró al espejo y descubrió que su reflejo llevaba una antena en la cabeza y una sonrisa permanente.
Queda por ver si este episodio marcará el inicio de una nueva era o si, por el contrario, volverá a guardarse en un cajón junto al mando a distancia de una niña de cinco años. Lo único cierto es que, desde el pasado 22 de febrero, nada volverá a ser exactamente igual en el panorama cultural internacional.
