
Entrevista exclusiva a la Dra. Psyque, de Diván Digital
–Por Lady CG
La cita tuvo lugar en una terraza reservada del Aquarium de Barcelona, con vistas al puerto, un acuario iluminado a nuestras espaldas y varias criaturas marinas nadando con una dignidad que ya quisieran algunas cuentas con teclado.
La doctora Psyque llegó puntual, vestida de negro clínico, con una carpeta de Diván Digital bajo el brazo y esa expresión de quien ha visto demasiados perfiles abiertos a las tres de la mañana como para seguir creyendo en la casualidad.
Después de saludarnos con la sobriedad que exige la ciencia y la mala leche bien peinada, pedimos dos J&B con agua. El camarero, hombre prudente y probablemente superviviente de más de una sobremesa catalana, los trajo veloz. Al ver la carpeta de la doctora, mis gafas oscuras y mi cuaderno violeta, entendió que aquella entrevista requería continuidad clínica y dejó la botella a un lado de la mesa para no interrumpir el estudio de campo.
Me ajusté los guantes, coloqué las gafas en su punto exacto de autoridad moral y miré hacia el acuario. Un pez pequeño viajaba pegado a otro mucho más grande, convencido quizá de que cruzaba el océano por méritos propios.
—Doctora —dije, abriendo el cuaderno—, hoy no venimos a hablar de tiburones, ¿verdad?
La doctora Psyque negó con la cabeza.
—No, Lady. El tiburón tiene mala prensa, pero al menos nada por sí mismo.
Tampoco hablaremos de ballenas. En Brotelandia hay gente que confunde metáfora con insulto corporal y luego hay que explicarles las cosas con plastilina jurídica, esquemas de colores y, si se tercia, un PowerPoint con dibujitos.
Esta mañana, el objeto de estudio es otro: una especie mucho más discreta, mucho más pegajosa y bastante menos épica.
La rémora digital.
Lady CG: Doctora, ¿qué es exactamente una rémora digital?
Dra. Psyque: Una rémora digital es un organismo de baja autonomía narrativa que se adhiere a una vida ajena para desplazarse emocionalmente. No genera viaje propio, pero comenta el viaje de otro. No abre camino, pero opina sobre la ruta. No produce mundo, pero se alimenta de los restos que caen del timeline de quien sí vive, sí se mueve.
Lady CG: Fascinante. Entonces no hablamos de criaturas peligrosas, sino de fauna menor con WiFi.
Dra. Psyque: En absoluto. Ese es el primer error de interpretación. La rémora brotelándica no es una gran adversaria. No es la villana de una ópera. No es una mente maestra. Es un animalito adherido. Su tragedia consiste en que necesita convencerse de que desprecia al delfín al que va pegada, porque aceptar que vive de su movimiento sería psicológicamente insoportable.
Lady CG dejo la copa sobre la mesa, cruzo las piernas con la elegancia de quien no necesita demostrar que tiene tobillos, y apunto en mi cuaderno: “No odian al delfín. Odian no saber nadar solas.”
La doctora continuó.
Dra. Psyque: La rémora digital presenta una dependencia muy concreta: necesita actividad externa para sentir actividad interna. Si el delfín va a la playa, la rémora tiene playa. Si el delfín viaja a Bilbao, Córdoba, Sevilla, Granada, Edimburgo o Londres, la rémora viaja pegada al cristal del móvil. Si el delfín estudia, la rémora interpreta. Si el delfín hace un huerto, la rémora rumia. Si el delfín compone una canción, la rémora escucha de madrugada diciendo que no le importa. Si el delfín calla, la rémora refresca.
Lady CG: ¿Y si el delfín no publica nada?
Dra. Psyque: Entonces aparece el síndrome de abstinencia de timeline ajeno. La rémora no sabe qué hacer con su propio silencio. Entra, sale, mira, vuelve, revisa si hay un me gusta, una foto, una indirecta, una sombra, una señal, una migaja. La ausencia de alimento no la libera; la desespera.
En este punto de la entrevista, la doctora Psyque abrió una carpeta con el sello de Diván Digital. Dentro había gráficos, esquemas y una ilustración anatómica de una rémora con WiFi, gafas de ver falsas y una carpeta llamada “capturas por si acaso”.
Lady CG: Doctora, ¿cuáles son los síntomas principales de esta especie?
Dra. Psyque: La rémora digital suele presentar varios síntomas. El primero es la vigilancia compulsiva disfrazada de desprecio. Afirma que la persona observada no le importa, pero puede registrar sus viajes, sus fotos, sus vínculos, sus animales, sus estudios, sus canciones, sus casas, sus silencios y hasta sus cambios de cortina. El segundo es la interpretación delirante de lo cotidiano: si el delfín publica una flor, hay mensaje; si publica un coche, hay provocación; si publica una canción, hay ataque; si no publica nada, hay estrategia. El tercero es la incapacidad de producir vida propia sin usar como materia prima la vida ajena.
Lady CG: O sea, que no es odio puro.
Dra. Psyque: No. Es dependencia con mala prensa. La rémora necesita odiar para no reconocer que necesita. Si dijera “me alimento de ti”, tendría que mirarse. Prefiere decir “te vigilo porque eres mala”, “te comento porque das vergüenza”, “te capturo porque hay que desenmascararte”. Pero la estructura es siempre la misma: el delfín se mueve, la rémora se pega.
Lady CG: Me interesa el delfín. ¿Por qué delfín?
Dra. Psyque: Porque el delfín es libre, inteligente, social, juguetón y capaz de cruzar aguas distintas. El delfín no necesita devorar a nadie para existir. Simplemente nada. Y eso, para una rémora de vida seca, es una ofensa. El delfín va de un sitio a otro, se relaciona, aprende, crea, se equivoca, vuelve, salta, respira y sigue. La rémora, en cambio, confunde estar pegada con estar participando.
Lady CG: Es decir, la rémora cree que ha visto mundo porque ha visto el mundo del delfín.
Dra. Psyque: Exacto. Ha visto playas que no pisó, ciudades que no caminó, conversaciones que no tuvo, fotos que no protagonizó, canciones que no escribió y casas que no levantó. Su biografía digital es un álbum de restos ajenos.
En Brotelandia, este fenómeno ha alcanzado niveles de interés académico. Existen rémoras capaces de pasar años adheridas a una misma vida, acumulando capturas, fechas, comentarios, fotos antiguas, publicaciones de Facebook, entradas de blog y fragmentos de existencia como si estuvieran construyendo una tesis doctoral titulada “La vida de otra mujer como sustituto de mi propio proyecto vital”.
La doctora Psyque insiste en que no debemos confundir la rémora con el parásito simple. El parásito quiere extraer. La rémora, además, necesita narrar.
Dra. Psyque: La rémora brotelándica no solo se alimenta del movimiento ajeno; necesita explicarlo. No soporta que el delfín nade porque sí. Tiene que haber una trama, una provocación, una mentira, una conspiración, una deuda, una inmoralidad, una prueba definitiva. La libertad del delfín le parece sospechosa porque ella no tiene libertad propia. Por eso cada salto del delfín debe ser reducido a algo sucio.
Lady CG: ¿Y qué ocurre cuando el delfín crea?
La doctora Psyque cerró la carpeta con suavidad. Ese gesto, en un despacho normal, habría sido administrativo. En el Aquarium de Barcelona, con la botella de J&B custodiando la mesa, sonó casi a sentencia.
Dra. Psyque: Ahí la rémora entra en crisis. Puede tolerar que el delfín sufra, porque el sufrimiento confirma su esperanza. Puede tolerar que el delfín calle, porque el silencio permite imaginarlo roto. Pero cuando el delfín canta, escribe, estudia, viaja, cuida animales, cultiva plantas o abre una ventana, la rémora se enfrenta a una realidad insoportable: no ha conseguido detener el movimiento.
Lady CG: Es decir, lo que la destruye no es que el delfín viva bien. Lo que la destruye es que siga viviendo.
Dra. Psyque: Exacto. La rémora no necesita solo que el delfín fracase. Necesita que el delfín deje de recordarle que ella no ha construido nada propio. Cada proyecto del delfín es una ofensa íntima. Cada viaje, cada examen, cada gato cuidado, cada planta que brota, le recuerda que hay vida fuera de la ventosa.
Lady CG: Doctora, ¿la rémora puede curarse?
La doctora Psyque suspiró.
Dra. Psyque: En teoría, sí. Tendría que soltarse. Buscar un rumbo propio. Cerrar el perfil ajeno. Dejar de interpretar cada respiración del delfín. Estudiar, trabajar, cuidar su casa interior, salir a caminar, aprender a vivir sin convertir la vida de otra persona en noticiero emocional. Pero el tratamiento exige algo que la rémora suele rechazar: aceptar que no era el delfín quien la mantenía pegada. Era ella quien no se soltaba.
Lady CG: Duro.
Dra. Psyque: Muy duro. Por eso muchas prefieren seguir adheridas. Es más fácil llamar provocación al movimiento ajeno que admitir la propia inmovilidad.
En conclusión, la rémora de Brotelandia no es grande. No es libre. No es dueña del viaje. Puede hacer ruido, puede dejar marcas, puede fingir que observa desde una posición superior, pero su existencia depende de aquello que dice despreciar.
Mientras el delfín cruza aguas, la rémora comenta la temperatura.
Mientras el delfín salta, la rémora hace captura.
Mientras el delfín canta, la rémora reproduce.
Mientras el delfín vive, la rémora busca sobras.
Y quizás ahí esté la tragedia de esta especie: no quiere ser pez, no quiere ser mar, no quiere ser viaje. Solo quiere que el delfín deje de recordarle que ella nunca aprendió a nadar.
La doctora Psyque se puso el abrigo negro con la serenidad de quien acaba de clasificar una especie y sabe que, aun así, seguirá apareciendo en menciones.
—Lady —dijo antes de marcharse—, recuerde una cosa: la rémora no se pega porque el delfín la llame. Se pega porque no soporta nadar sola.
Nos despedimos con la sobriedad de dos mujeres que saben distinguir entre un diagnóstico, una metáfora y una señora refrescando un perfil ajeno a las tres de la madrugada.
La doctora Psyque se alejó por la terraza del Aquarium de Barcelona, dejando tras de sí una estela de perfume caro, criterio clínico y una preocupación moderada por la fauna digital española.
Yo permanecí un rato más junto al acuario, con el J&B en la mano, observando cómo el pez pequeño seguía viajando pegado al grande, convencido quizá de que el océano le pertenecía.
A veces no hace falta hundir a nadie. Basta con seguir nadando.
El que se sienta aludido… que se revise. O mejor: que suelte la ventosa. Otros seguimos nadando.
Lady CG
Columnista en Diario ASDF.
Pedagogía legal, estética y moral.
Bailarina. No bebo, salvo excepciones.
No insulto: describo.
Si te ves reflejada… escucha Toxic, de Britney Spears.
Y pregúntate si lo tuyo era investigación… o síndrome de ventosa.